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domingo, 18 de octubre de 2026

Llovizna en el corazón

 



Es domingo. Ha amanecido nublado y lloviznando. He intentado mantenerme ajena a la fecha que se celebra hoy en Argentina, pero no hay forma de escapar; aunque no deambule por las redes sociales, hay celebración y reuniones familiares en el vecindario.

Desde ayer, el corazón duele intensamente, el verdadero síndrome del corazón roto que parece traspasar todo el pecho con una enorme espada, como la carta de 10 de espadas que salió ayer en el Tarot. En la carta de White Sage Tarot, 10 espadas atraviesan una cinta de color verde que representa el Chakra del corazón; no podría describirlo mejor.


Ayer deseaba con todas mis fuerzas recibir dinero para comprarme algo rico, como esas cajas o desayunos que ofrecen dulce y salado; y también para regalarme algo bonito. Me di cuenta que más allá de la necesidad real económica de cubrir necesidades básicas y darme un gusto, había una carencia emocional de propiciar esa celebración que hace años no recibo de mis hijos. Parece un deseo frívolo, eso de compensar los regalos que no recibimos con auto regalos; pero en el fondo es una muestra de amor propio de auto celebración, de aceptar que a pesar de las distancias y los errores, fui la mejor madre que pude, dadas las circunstancias y limitaciones.


Es domingo, llovizna en el corazón. Me he despertado sin ganas de hacer nada, con el deseo de poder comprar todo preparado, sin hacer ningún esfuerzo, y buscar la manera de que el día sea un poco más amable. He juntado fuerzas, me he duchado con agua bien caliente para aliviar los dolores físicos; he limpiado los trastos acumulados en la cocina desde ayer y me he inventado una especie de pan con harina, una zanahoria rallada y el último huevo que quedaba en la heladera. Debería hacer pan para comer el resto del día, tengo harina para eso, pero me pregunto si la tristeza hará que el pan salga amargo. Es que hoy no tengo ganas ni de cocinar, ni amasar, ni limpiar, ni trabajar, ni ocuparme de nada más que de navegar esta melancolía y aliviar el dolor que me perfora.


Mi alma, mi espíritu, mi consciencia superior, la terapeuta holística y la aprendiz de mujer medicina comprenden la realidad, entienden las distancias y respetan los tiempos de sanación de las personas que amo, especialmente de mis hijos. Sin embargo, la mujer mundana, la mujer terrestre, la madre terrena, no puede evitar el dolor de la ausencia y el peso de una condena no merecida.


Es domingo, Día de la Madre en Argentina. Susie, la hija que fui, está triste. Susana, la madre que fui, está triste. Ambas relaciones estuvieron marcadas por distancias emocionales, malos entendidos, suposiciones, rumores infundados, historias inventadas, mentiras normalizadas y un canal de comunicación demasiado contaminado por influencias de terceros.


No se trata de la carencia afectiva de sentirse amada o valorada, sino del profundo dolor que se puede sentir como madre, cuando somos conscientes del dolor, la amargura, el resentimiento y el enojo que aún causa nuestro nombre en el corazón de nuestros hijos. Es domingo, y este día es la confirmación de una realidad que ha perdurado por demasiado tiempo y confirma la ausencia de un milagro que tarda en llegar. Ayer sábado salió el sol, en medio de semanas climáticas con lluvia, frío, viento y cielos encapotados. Ese día soleado era también el contexto propicio para sentimientos encontrados, para albergar aún una pequeña dosis de esperanza: quizá un mensaje, una sorpresa bonita, un intento de cruzar el puente.


El cielo gris de hoy fue tan real como la cruda realidad que da cuenta de heridas que aún no sanan, corazones que no perdonan y exilios que no prescriben.


Como madre y como pitonisa, puedo percibir sus emociones y detectar las energías que los mueven, los pensamientos que los habitan y los silencios que los mantienen alejados de la paz que sus corazones necesitan.


Como Terapeuta Holística comparto recursos en mis canales y páginas web que podrían ayudarlos, guiarlos y acompañarlos; parece casi irónico que pueda ser faro para tantos navegantes desconocidos y los barcos de mis hijos prefieran enfrentar las tormentas con la certeza de que mi voz es un canto de sirenas y no un mapa para sus vidas.


La imagen de la Virgen de Fátima que me sonríe desde el altar principal, me recuerda que tengo muchos motivos para sentirme bendecida y agradecida, lo sé. Ella preside ese rincón sagrado en gratitud eterna porque dos de mis hijos viven por obra y gracia de Sus Milagros. Sé que hay madres que hoy no pueden celebrar porque han sobrevivido a sus hijos y preferirían ser una madre del exilio, como yo, y saberlos vivos y realizando sus sueños.


Todo eso lo sé, a nivel racional, a nivel de consciencia del alma; pero hoy no me alcanzan las bendiciones, hoy quiero más, me gustaría más, deseo algo más. ¿Es acaso egoísta o descabellado pedir más bendiciones? ¿Es siquiera un despropósito esperar más milagros?


No escribo para generar lástima, pena o siquiera compasión. Escribo para que las palabras saquen una a una esas espadas que atraviesan mi corazón; escribo para que la llovizna encuentre su cause en el escrito. Al terminar este párrafo, una nubes se han apartado, creando un hueco en el cielo por donde el sol da de lleno en el altar, las plantas y la Madre María. No es casual, lo sé, Ella me acompaña y me contiene, me da refugio y consuelo.


Mi proceso de sanación consciente del vínculo con mi madre comenzó mucho después de los 40; creo que sostenía la ilusión de que mis hijos comenzaran un poco antes, pero con 41, 40 y 39, aún parecen estar alejados de la intención de encontrar paz en sus corazones.


Dios lo sabe, lo que primero le pido, siempre, es que puedan sanar y recuperar el vínculo entre hermanos, sin gritos, sin reclamos, sin agresiones, sin burlas, sin resentimientos y sin culpas; con amor, con respeto y con gratitud. Restaurar sus vínculos fraternos, no sólo sería una transformación para sus vidas y su mundo emocional, sino que sería una ofrenda de amor para generaciones venideras, sus hijos y nietos; mis nietos y bisnietos.


En la distancia los bendigo, acaricio sus corazones, pido medicina sagrada para sus heridas y susurro canciones de cuna allí donde su niño interior se acurruca asustado y dolido.


Quizá algún día, se permitan conocerme, en esta versión transformada, alejada de aquella mujer tan rota por dentro que los amó desde la carencia emocional y los traumas sin sanar.


Tal vez, antes de que me vaya de este plano, podamos compartir un encuentro en armonía, en paz, con respeto y con amor.


Mientras tanto, sigo eligiendo la distancia y manteniéndome a salvo en el exilio; mi corazón ya no resiste más gritos, acusaciones injustas, reclamos, agresiones verbales o gestos de despecho.


Establecer un límite para no ser acusada y culpada constantemente por todo lo malo de sus vidas no es solamente un acto de amor propio para preservar mi salud mental y emocional; es también, una forma de protegerlos de si mismos, porque cuando permitimos la violencia en cualquiera de sus formas, sabemos que ellos mismos lo reciben como un bumerán.


Susannah/Susie/Mummy

18 de octubre de 2026









lunes, 30 de marzo de 2026

Deseos escondidos

 



A veces te sueño,

ventanas astrales

que muestran

tus sombras inquietas

tus soles y tus lunas

tus heridas aún dolientes.


Otra veces el encuentro

sucede cuando tu alma

me busca libre de vigilancia

que tu ego impone

para atormentar tu corazón.


Al despertar añoro

esos momentos que nunca

suceden en el plano visible

y que están en desacuerdo

con los mandatos de tu mente.


Desde la distancia percibo

tus tormentas agitadas

tus días apacibles

tus dolores innombrables

y los sueños que has olvidado.


Desde el exilio y calladamente

bendigo tu nombre y tu vida,

le pido a Dios que te guíe,

a la Madre Divina que te arrope

y a Jesús que camine a tu lado.


Cada tanto, algún deseo despierta,

te veo llegar con tu corazón liviano,

el alma luminosa y cantarina,

las semillas de amor florecidas,

el perdón convertido en agua mansa

y la palabra transformada en caricia.


Mientras tanto, te amo en pausa,

sin prisa ni expectativas,

rezando siempre por tu paz interior,

por la sanación de tus vínculos

y por la remediación de tus puentes.


Sin embargo, anhelo ser testigo

del día en que recuperes

la memoria agradecida

de las bendiciones de tu pasado

y que te desvistas de todo aquello

que dañó tu frágil corazón,

y así tu presencia plena

te permita amarte y amar

desde una libertad de mochilas

que sólo multiplican la carga

que arrastras como un lastre.


Yo no pido que me perdones

pues ya no soy esa mujer

que te dañó desde

sus propias esquirlas.


Apenas si aspiro

a que un día cualquiera

llames a mi puerta

y te permitas conocerme,

pues aquella a la que aún

culpas de un corazón dolido

es sólo una fotografía borrosa

en tu mente habitando el pasado.


Cuando quieras, aquí estoy;

cuando puedas y te lo permitas

mi corazón siempre guarda

un refugio de paz,

una pócima sanadora,

un abrazo silencioso,

un beso luminoso en tu frente

y mi mano bendiciendo tu corazón.


Si cierras los ojos, respiras hondo,

aquietas tu mente y acallas las palabras,

recordarás el camino

y sentirás el latido

de una semilla amorosa

que jamás morirá.


Susannah Lorenzo

23 de marzo de 2026

Escucha el audio con este poema en el canal principal de YouTube.


martes, 30 de julio de 2024

El valor de los nietos

Hoy  cumple 1 año mi nieta más pequeña.  Aún no hemos podido conocernos en persona; sólo en encuentros del mundo invisible, cuando ella me visita en sueños.  Su primera visita fue cuando apenas había sido concebida  y yo ni siquiera sabía que se estaba gestando en el vientre  de su mamá.

Es un alma sabia, una niña decidida, fuerte y con una determinación para llegar y hacer lo que sea necesario para que los adultos a su alrededor aprendan las lecciones que tienen que aprender.




No soy una abuela en ejercicio, digamos.  Estoy exiliada de la vida de mis hijos y nietos por circunstancias y heridas emocionales que no es necesario aclarar ahora.

Mi árbol ha ramificado en 12 nietos, de los cuales hay dos que no conozco y sólo con la mayor tejemos un Puente precioso que nos apapacha y hace más bonita la vida. Ella tiene casi 18 años y puede elegir con quién relacionarse más allá de las circunstancias familiares.  Es bueno saber que la semilla que dejé en su corazón se ha mantenido intacta y florece con su dulzura y su amor.

Este cumpleaños en la distancia me hizo reflexionar sobre la expresión que usamos: ‘mis nietos’. No son míos, no son de sus padres, son de la vida misma y de Dios que eligió formarlos tal como son, cada uno diferente y único.

Por eso elijo verlos como ramas de un árbol, como brazos de un río que se bifurcan en diferentes direcciones pero llegan desde una misma naciente.




¿Cuántos ancestros hicieron falta para que ellos estén hoy aquí?

Di a luz a tres hijos.  Ninguno de ellos fue buscado o planeado, ni concebido desde el buen amor.  Mis embarazos fueron solitarios, turbulentos y un completo desafío para que mis niños llegarán a la vida sin tantas complicaciones. A pesar de eso, yo elegí gestarlos, amarlos, acunarlos, cuidarlos y protegerlos de todo el mal que nos rodeaba.  Fue mi voluntad y mi decisión la que hizo posible que ellos sean hoy adultos con sus propias familias.

Es increíble como una decisión solitaria y atrevida pudo permitir que hoy esos hijos de la vida hayan dado paso a 12 niños y adolescentes que buscan su propio camino.

Cuando tenemos nietos y sobre todo cuando descubrimos como las heridas del árbol familiar se repiten y multiplican en ellos, tomamos conciencia de que somos ancestros de todos nuestros descendientes.  Quizá debería haberme dado cuenta antes, cuando me convertí en madre, que todo lo que hacía conmigo misma y todo lo que ignoraba o demoraba sería luego un legado para mis descendientes.

Por supuesto que la existencia de mis nietos no sólo es posible porque yo decidí albergar a mis hijos en mi vientre y en mi corazón; fueron necesarios también  sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.  Cada quien con su decisión, dejó un ser humano disponible para procrear, aunque no fuera siempre consciente y aunque no fuera siempre desde el amor.

Creo que es bueno mirarse como ancestro, detenerse a valorar nuestra propia vida, llena de aciertos y errores, porque gracias a cada paso que dimos, esos nietos tienen una vida disponible con infinitas posibilidades.

Me gusta mirar atrás para darme cuenta de que cada mudanza, cada cambio, cada separación, cada decisión, influyó para que mis hijos conocieran a sus parejas o al menos, a las personas con quienes concebirían sus hijos (los nietos que son ramas de mi árbol).

Entonces, una se mira con compasión, con aprobación y con respeto; porque todo fue necesario, hasta las circunstancias más dolorosas, hasta los desafíos más abrumadores, para que 12 seres traigan al mundo sus colores, sus dones, sus talentos y su magia.

Abu Sue

Susannah Lorenzo

30.07.2024



domingo, 28 de abril de 2024

Abuelas ausentes



En uno de esos momentos en que me permito extrañar mi rol de abuela y el cariño de mis nietos, me di cuenta que vengo de una historia de abuelas ausentes, exiliadas o invisibles, por así decirlo.

La primera mudanza fuera de la provincia natal fue cuando yo tenía 4 años y desde ahí el rumbo de mi familia fue cambiando cada año o cada dos años, dependiendo de las obras viales que supervisaba mi padre.




Con mi abuela materna, el contacto dependía solamente de nuestras vacaciones en San Juan o de las temporadas en que nos tocaba vivir allí por un corto tiempo, hasta que aparecía un trabajo mejor.  Ella no salía de su casa por razones de salud y jamás nos visitó en nuestra casa, ni siquiera cuando vivíamos en la misma ciudad.  Cuando estábamos en otra provincia no había intercambio de cartas, tampoco había mucho diálogo con ella cuando la visitábamos o cuando nos tocaba quedarnos al cuidado de la familia materna cuando mis padres estaban de viaje.  Cuento la historia con ella en el libro La Herencia Silenciosa.




Con mi abuela paterna (mi abuela mágica), el contacto era más fluido.  Si bien no nos permitían (a mi hermano y a mí) quedarnos a dormir en su casa, nos escribíamos cartas cuando vivíamos lejos y mi padre pagaba cada año un viaje para que mis abuelos paternos conocieran el lugar donde vivíamos y pasaran tiempo con nosotros.  Aunque la relación no fue constante durante la infancia, la intensidad del vínculo y la energía amorosa de mi abuela paterna fueron mi sostén emocional durante mi adolescencia y una buena parte de mi juventud y vida como madre.  Cuento su historia en el Pack multimedia El Jardín de mi Abuela.

Cuando yo era niña y adolescente, no existía internet ni las redes sociales, los vínculos afectivos dependían exclusivamente de la energía invisible, ese puente que nos conecta a miles de kilómetros de distancia y nos permite sentir la presencia o la ausencia de una persona.  Las cartas (enviadas por correo postal) podían ayudar, pero tardaban tanto tiempo en llegar que las noticias recibidas podían quedar desactualizadas al momento de leerlas; no existía una inmediatez de contacto.  Las llamadas telefónicas (por línea telefónica) eran muy caras así es que sólo se reservaban para urgencias.

Ambas abuelas se resignaron a las elecciones de vida de sus hijos y a las limitaciones de contacto y posibilidades de compartir momentos que ellas añoraban.  Había una tristeza queda, esa que anida en el corazón por la privación de la alegría; es decir, una tristeza causada por la ausencia y por las ganas contenidas de compartir el amor con libertad absoluta.




Creo que sin importar las circunstancias de vida, todas las madres (con el nido vacío) y todas las abuelas compartimos una secreta esperanza de recibir un llamado, una visita o una invitación.

Están las madres, suegras y abuelas metiches, esas que interfieren y hostigan con sus exigencias y presencia forzada; pero estamos las madres y abuelas que nos hacemos invisibles, que callamos nuestras necesidades y cuidamos nuestras palabras para no  crear designios en las alas de nuestros hijos y nietos amados.

Las madres y abuelas invisibles nos resignamos, aceptamos y sobre todo, guardamos silencio, pero nuestro corazón sigue cultivando amor, bendiciones y plegarias que trascienden toda frontera geográfica o cualquier exilio familiar.




Mis hijos no fueron la excepción a la historia de abuelas ausentes en la familia.  Cuando eran muy pequeños y aún vivíamos en San Juan, su abuela materna vivía en otra provincia (Mendoza) y el contacto dependía de visitas esporádicas en ambos sentidos.  Con la abuela paterna, el vínculo sólo dependía de que yo los llevara de visita o los dejara a su cuidado eventualmente, ya que sus abuelos paternos jamás nos visitaban en nuestra casa.

Luego de nuestro éxodo a Mendoza, la abuela paterna quedó ausente para siempre: no hubo cartas, ni visitas por parte de ella.  Sólo quedó el vínculo con la abuela materna que vivía entonces en la misma ciudad.  Durante nuestra residencia en Mendoza, se sumó al corazón de mis hijos el vínculo amoroso con su bisabuela (mi abuela mágica).



Mi primera nieta y yo

Debo confesar que cuando supe que sería abuela a los 40 años, una parte mía se resistía, sentía que eso me avejentaba y pedí ser llamada Bubu o Abu Sue, porque la palabra abuela me parecía vocabulario de viejas. Sin embargo, cuando conocí a mi primera nieta, el vínculo fue tan poderoso y tan mágico que pasar tiempo con ella y saludar juntas a los árboles a nuestro paso, me parecía lo más bonito del mundo.

Cuando una trasciende las limitaciones de su propio ego y de su vanidad femenina, una se da cuenta que esos nietos son una prolongación de nuestra energía, de nuestra existencia en este planeta.  Es decir, esos seres luminosos no estarían aquí, si nosotras no hubiéramos engendrado a nuestros hijos.




Soy abuela (ausente y exiliada) de 12 nietos en total.

Mi hija mayor, tiene 7 hijos.  Con las 4 nietas mayores pude crear un vínculo desde el comienzo, un vínculo que a pesar de la distancia geográfica sostenemos a través de whatsapp.  Si bien he tenido la oportunidad de conocer a los 3 menores y compartir algunos momentos con ellos, el vínculo se sostiene más por la referencia que tienen de sus hermanas mayores y por los contactos telefónicos esporádicos.  La abuela paterna de 6 de ellos se parece bastante a la abuela paterna que tuvieron mis hijos, son de esas abuelas que sólo esperan ser visitadas pero no van de visita ni tampoco viajan.  Así es que en la ciudad donde viven desde hace un par de años, están huérfanos de abuelas, por así decirlo.  En cuanto al menor de los niños, su abuela paterna no ha estado nunca en el mapa de su vida.

Mi hijo del medio, tiene una pequeña niña (menor de un año) a la que no conozco en persona.  El vínculo con ella fue establecido por su Alma cuando aún estaba en gestación y se sostiene a través de sus visitas en sueños, intercambio de fotos, vídeos y audios.  Su alma me conoce, su persona aún no.  Su abuela materna falleció casi al mes de su nacimiento, así es que su vida también carece de la presencia (física) de sus abuelas.

Mi hija menor tiene 4 hijos.  Con los tres mayores tuve la oportunidad de compartir diferentes etapas de sus vidas, pero desde hace varios años, el exilio familiar ha impedido cualquier tipo de contacto (tangible, audible o visible).  A la niña más pequeña no la conozco, no hubo un puente disponible con su alma y tampoco la conozco físicamente.  La abuela paterna de los dos niños mayores estuvo presente en alguna etapa de sus vidas, pero ahora está exiliada (por razones diferentes a las mías pero también complicadas).  La abuela paterna de los dos niños menores ya no estaba en esta dimensión cuando ellos nacieron, había fallecido cuando el padre de los niños era aún un niño.

Sé que todos mis nietos tienen abuelas adoptivas, que siempre hay mujeres dispuestas a apapacharlos y mimarlos, tal como sucedió con mis hijos cuando eran pequeños y adolescentes.  La vida siempre compensa y cuando nos faltan vínculos familiares (genéticos) el universo nos regala seres que nos eligen desde su corazón.

Mi mente analítica de Virgo se pregunta: ¿por qué ha sucedido esto?  ¿Por qué corremos esta suerte las abuelas y nietos de mi familia?




No sé si hay una razón, al menos que yo pueda comprender ahora.  Seguramente es parte del camino evolutivo de la familia como árbol y de cada una de las almas en su individualidad.

Estoy segura que la energía invisible de las abuelas es una bendición que no todos reconocemos y aceptamos.

Justamente, hace unos días leía un libro de un escritor especialista en el mundo de los espíritus, que señala que pocos entendemos cómo funciona la energía eléctrica, internet, las microondas o incluso las comunicaciones de telefonía en la modernidad.  Sin embargo, estamos seguros de que nos permiten hacer la vida y el trabajo más cómodo y más efectivo.  Son energías invisibles, ondas con un comportamiento que están más allá del entendimiento racional de una persona promedio.  Salvo que sea un científico o una persona con capacidades intelectuales destacadas, la mayoría poco comprendemos de estas energías invisibles.  Entonces, según el escritor, ¿por qué dudamos de las energías invisibles del mundo espiritual?

Estamos todos en el mismo mar de energías, algunos somos conscientes de nuestra interacción, algunos estamos encarnados en un cuerpo físico y otras almas están simplemente flotando en su forma sutil.

En el árbol familiar, mi abuela paterna sigue presente con su energía amorosa para hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.  La abuela paterna de mis hijos ha hecho algunas visitas (falleció cuando mis hijos eran pre-adolescentes) cuando la energía de ese grupo está complicada y afecta a mis hijos. Con la abuela materna de la bebé más pequeña hay un puente establecido desde el día que hizo su transición y a través del puente que tejió el alma de mi nieta.  Con su abuela materna formamos un equipo de abuelas que la custodian, protegen y guían.




No me considero una abuela ausente, me considero una abuela invisible físicamente en algunos casos y exiliada en otros casos.

Creo que en cualquier relación afectiva estamos ausentes cuando estamos enfocados en nuestras necesidades y carencias, cuando somos incapaces de ver al otro con su esencia, sus emociones y sus propias necesidades.

Creo también que somos considerados ausentes cuando una persona herida cierra las puertas de su corazón y elige sentirse no amado/a porque la forma en que amamos no alcanza, no llena sus vacíos ni cura sus heridas.

Me ha llevado tiempo aceptar las ausencias y distancias, el exilio, los malos entendidos y los caminos divergentes.

Estoy presente en Alma y en Espíritu, siempre, bendigo, amo y sostengo un Puente para quien quiera transitarlo.  Soy un faro en un océano de tempestades y procuro que mi Luz sea nítida y brillante para que si alguno de los barcos me busca, pueda encontrarme.  Cada vez que escribo, cada vez que creo vídeos, imagino que algún día, los nietos ausentes, los encuentran y con ellos comienzan su propio camino de sanación y descubrimiento.

Mientras tanto, estoy presente con mi voz para quienes así lo permiten, tejo abrazos cósmicos, bendigo con palabras y contemplo amorosamente en el silencio.  Puede que mi ausencia sea necesaria en sus vidas, sólo Dios sabe y en Él confío.

Abue Sue / Bubu

Otoño de 2024

Carta a mis hijos / nietos

De madres e hijos 

Nota: creo que quienes tuvimos la suerte (o tenemos) de contar con la presencia (aunque sea invisible) de una abuela mágica en nuestra vida, llevamos en nuestro corazón un tesoro que puede encender su luz cada vez que lo necesitamos.




domingo, 12 de marzo de 2023

Autosuficiente

La mayoría de mis cuentos o historias incluyen una mujer medicina, una maga, una curandera o una machi.   Justamente, el libro ‘Tejedoras de Magia’, que aún está en gestación, recopila recetas, rituales, pócimas y curaciones de los personajes que llegaron a mí como una aparición.


Art: Tarn Ellis

 Muchos creen que eso se debe a que yo soy una Mujer Medicina.  Sin embargo, pocos saben que cuando me siento muy débil físicamente o energéticamente, busco en mis Guías Espirituales una Machi que me ayude a sanar; y desde esos deseos, llegan las visiones.

La mayoría de las personas suponen que una Mujer Medicina es autosuficiente, puede aplicarse sus propias medicinas, hacer algún pase mágico  y mantenerse siempre sana, abundante y sobre, todo, servicial.

Amigos, clientes, alumnos, consultantes, seguidores de las redes sociales y conocidos, buscan consejo, alivio, la escucha atenta, la contención amorosa, la compasión sin juicio y la palabra que calma.

Aunque Dios siempre me asista y me use como su canal Divino, vivo en un cuerpo físico como el de cualquier persona; tengo emociones y necesidades, tal como otros seres humanos.  Es cierto que muchas veces, yo elijo mi propio tratamiento holístico y me dejo guiar por mi Alma y mi Espíritu, sobre qué tisana debo beber o qué alimento debo dejar de consumir. Sin embargo, cuando me toca trabajar con ‘muertitos’ (como les llamo amorosamente) y acompañarlos durante su transición en el Portal; o cuando me toca contener a personas que realmente están muy negativas o enfermas; la energía que me atraviesa es tan intensa, que el cuerpo se resiente y necesita un cuidado especial, por varios días o semanas.

Las personas que me buscan o acuden a mí, suelen creer que siempre estoy disponible, que siempre puedo hacerme el tiempo, que siempre encuentro la manera, que siempre soy fuerte y que tengo todo resuelto.  Esas mismas personas, cuando ya no necesitan nada, cuando han saciado su sed, cuando ya no tienen preguntas, cuando ya obtuvieron lo que deseaban, siguen su camino o simplemente hacen su vida mirando a otro lado.

A veces, después de tareas desgastantes y abrumadoras, una Mujer Medicina necesita un apapacho, un poco de buena compañía desinteresada y silenciosa, una dosis de buen amor, una cuota de contención, un abrazo real, un masaje relajante o un paseo por las sierras.




Sucede sobre todo en domingo, cada quien está ocupado disfrutando su vida y me parece bien.  Hay un poco de olvido, indiferencia o desidia.  Quizá sea mi culpa, todos saben, incluyendo las personas amadas, que cuando regresen a golpear mi puerta yo estaré ahí, como siempre.

Mi corazón en susurros, hoy se animó a decir: toda Mujer Medicina, necesita su Hombre Medicina, el complemento de energías, un compañero con quien compartir, pero también con quien alternar roles.

Lo que hago cuando estoy mal, en la vida real, es descansar, hacer una cura de sueño y cuando estoy despierta, quedarme acostada, con música sanadora de fondo, cristales en mis chacras, respiración consciente y Dios en mis labios y en mi corazón.  Cuando mi cuerpo está realmente maltrecho, como ahora, visualizo alguna de las Tejedoras de Magia de mis historias, cuidándome en una choza, ocupándose de todo lo necesario, preparando caldo de verduras o una tisana que me alivie, sahumando mi cuerpo y cantando palabras sagradas. Otras veces,  visualizo al Arcángel Miguel, blandiendo su espada a mi alrededor para cortar todas las energías negativas que han quedado adheridas en mi campo energético; y luego invoco al Arcángel Rafael para que me bañe con su luz verde y me sumerja en el Río del Olvido y sane todos mis malestares.




Aún así, todo ser humano necesita de otros humanos.  Sería bonito recibir una invitación para un paseo en la naturaleza; o una reserva en unas cabañas cerca de un río para descansar un par de días; o una tarjeta de regalo para una sesión de spa y masajes; o simplemente, alguien que me recibiera en su casa, cocinara para mí, me escuchara con compasión y respeto, pudiera contenerme por un momento y simplemente, ocuparse de mí como yo me ocupo de otras personas.

No me malentiendas, disfruto mi soledad y vivir en la libertad de Ser y hacer.  Pero todos, incluso yo, necesitamos un lugar donde ser bien recibidos, celebrados y apapachos, un refugio de calma y contención.  Todos, incluso yo, necesitamos poder llamar a alguien a cualquier hora y cualquier día, para que nos escuche y nos acompañe, sin juicios, sin reproches, sin reprimendas y que en su escucha y en sus palabras amorosas, encontremos un poco de alivio.

Pedirle a alguien que se justifique o explique lo que siente para que puedas 'entender'  o 'creer' lo que le sucede, no significa escucha atenta, compasiva y amorosa.

Susannah Lorenzo©

Tejedora destejida




martes, 27 de septiembre de 2022

Ser PAS en paz

 


“El problema es que eres demasiado sensible.” Te dice alguien mientras te obliga a fumar el humo de su cigarrillo una y otra vez y te humilla con palabras vulgares y groseras para marcar su supremacía.

El término PAS hace referencia a las “Personas Altamente Sensibles”, es decir, aquellas que tienen un desarrollo del sistema nervioso que les permite percibir sutilezas del entorno que el resto de los seres humanos no son capaces. Las personas PAS procesan la información de forma distinta. Los sonidos altos, las luces demasiado brillantes, las aglomeraciones de personas o imágenes de violencia y dolor pueden afectarles profundamente.

 

Quizá nunca hayas escuchado este término ya que la alta sensibilidad es un concepto relativamente nuevo que empezó a ser estudiado por la psicóloga estadounidense Elaine Aron y que afecta entre un 15% y un 20% de la población.

 

La Alta Sensibilidad comenzó a ser conocida a través del primer libro de Aron titulado The Highly Sensitive Person. Fue la traducción de este término y su popularidad la que llevó a nombrar a este rasgo como PAS o Personas Altamente Sensibles.

 

La elevada sensibilidad de estas personas hace que puedan llegar a desarrollar una empatía que las haga sufrir en exceso y a menudo suelen chocar con el muro de la incomprensión de sus personas más cercanas quienes no entienden sus forma de ver el mundo.»Estás exagerando», «Eso no es para tanto», «Te lo tomas todo demasiado a pecho», son algunos de los comentarios que estás personas suelen escuchar en su día a día.

https://afloraconsulting.com/que-significa-ser-pas/  

 


Ser diferente no significa ser mejor o peor, simplemente significa ser distinto, lo cual intimida a muchas personas.

 

Ser diferente muchas veces nos aleja emocionalmente y físicamente de las personas que nos aman, no porque sea nuestra intención ser desleales, sino porque mimetizarnos para ser aceptados nos aleja de nuestra esencia.

 


 

 

La alta sensibilidad no es un trastorno que se deba corregir, si no de un rasgo de personalidad que se debe atender en función de las necesidades individuales de cada persona, es una característica de su procesamiento sensorial. Las personas altamente sensibles tienen en común algunas de estas características:

– Presentan una mayor profundidad de pensamiento y los elaboran con más detenimiento

– Alcanzan mayores habilidades para el desarrollo de tareas relacionadas con la creatividad y el arte

– Tienen una mayor capacidad de empatía al disponer de más actividades en sus neuronas espejo que el resto

– Viven la vida con mucha emocionalidad. Su manera de experimentar la felicidad, tristeza, alegría… es muy intensa y va ligada a una fuerte empatía hacia los demás

– Perciben mayor información sensorial y se dan cuenta de detalles sutiles.

 

En España la Asociación Pas intenta dar cada vez más visibilidad a las personas con alta sensibilidad desde el año 2012 y tiene como objetivo la divulgación y ayuda sobre el rasgo de la Alta Sensibilidad.

https://afloraconsulting.com/que-significa-ser-pas/



 

 

 

Para una persona PAS, permanecer en un entorno donde es considerada una persona enferma, inestable emocionalmente o que necesita ser ‘normalizada’, puede convertirse en un riesgo para su salud física, emocional y mental.

 

Permanecer allí donde no pertenecemos energéticamente nos convierte en corderos sacrificados, víctimas que se inmolan por amor para el ‘bienestar, tranquilidad y felicidad’ de quienes vibran en una frecuencia diferente y desde un amor tóxico nos retienen en un tiempo y espacio que nos ahoga y debilita.

 

Que un entorno, una relación, una persona o un comportamiento resulten tóxicos, no necesariamente quiere decir que hay una intención de daño; probablemente lo que es beneficioso para algunas personas, es perjudicial para otras.






“El problema es que te falta tolerancia.” Te dice alguien mientras eres apedreada como María Magdalena y un romano ateo se burla de ti y te agrede porque crees en Dios y sus milagros y llevas Jesús en la boca, en tu corazón y en tus escritos.

 

Una persona PAS siente el dolor de las personas que ama como propio, es decir puede percibirlo de una manera que otros no pueden hacerlo.  Aunque sepa que ese dolor interno es el que hace que esas personas hieran con palabras o actitudes, no podrá evitar recibir esa descarga de sufrimiento amargo.  Las palabras y actitudes que se originan en heridas no sanadas nos atraviesan como dagas y nos debilitan energéticamente.  Podemos, racionalmente, reconocer que cada quien hace lo mejor que puede desde su lugar de consciencia y aceptar que cada quien es responsable de su propia felicidad; pero inevitablemente la infelicidad de nuestros seres amados perforará nuestro corazón cuando sus palabras intentan responsabilizarnos de su padecer.




 

Una Persona Altamente Sensible (PAS) es sumamente empática y por lo tanto, no intentará convencer a nadie para que crea lo que siente como cierto en su corazón, pero sufrirá como una agresión cuando es cuestionada, juzgada o criticada por pensar como piensa o sentir como siente.

 

Todo ser humano tiene el derecho de ejercer su libertad en su vida espiritual, siempre y cuando no intente colonizar el pensamiento de otros, siempre y cuando respete esa misma libertad en la vida de los otros.





“El problema eres tú que te has acostumbrado al silencio y la soledad.” Te dice alguien mientras hacen un festín en tu nombre pero debes hacer silencio frente a insultos, porque algunas personas ‘aman’ así, ejerciendo la versión más machista de bullying familiar.

 

Muchas veces creemos que es un gesto heroico, sacrificar nuestro bienestar para que nuestros seres queridos puedan sentirse tranquilos, en paz y conformes. Entonces, callamos, escondemos nuestras alas, aceptamos actitudes y palabras que nos dañan, sonreímos y ofrecemos nuestra paz a cambio de tormentas, recibimos su forma de amar sin cuestionar ni intentar cambiarlos.  Sin embargo, su paz no depende de nosotros; quien no tiene paz por sí mismo, no la tendrá porque nosotros dejemos de Ser quienes realmente somos, quien no es feliz por sí mismo, no se sentirá plenamente feliz porque nos adaptemos a su forma de ser.

 

Creo que volvernos pequeñitos para que otros no se sientan intimidados o incómodos  por nuestros dones, es negar la Divinidad que nos habita; es renunciar a este Ser maravilloso que Dios ha creado a su imagen y semejanza; es permitir que las sombras de los otros apaguen nuestra Luz.

 

Quienes esperan que los otros hagan siempre la tarea de esforzarse y cambiar, considerarán nuestra distancia y nuestra soledad como un acto egoísta.  Alejarnos de aquellos que nos exigen vivir a su manera y no respetan nuestra identidad, es una decisión que siempre duele pero que nos brinda la salud necesaria para poder cultivar nuestra mejor versión.  Desde nuestra plenitud y nuestra paz interior podemos generosamente compartir nuestros dones y talentos, disfrutar nuestra vida y desde allí sembrar relaciones sanas.




 

Mi paz interior no depende de otros, depende de mi actitud frente a lo que otros hacen o dicen.  Sin embargo, mi paz interior y tu paz interior dependen de la coherencia y armonía entre mente, cuerpo, espíritu, alma y sentimientos; depende de la libertad que ejercemos para Ser quienes vinimos a Ser, sin disfraces ni posturas impuestas.

 

Elegimos lo que es mejor para nuestro bien mayor y el bien mayor de las personas que nos rodean, evitando conflictos y relaciones tóxicas.  Para una PAS, la distancia o la soledad resultan temporal o definitivamente la decisión más sana, cuando el entorno cuestiona constantemente su condición o aún peor, intenta normalizar su personalidad de acuerdo a la mayoría del grupo o al miembro dominante.

 

Para cultivar la paz en nuestro corazón es necesario deshacernos de culpas y responsabilidades que no nos pertenecen. No debemos sentirnos culpables por cuidar nuestro equilibrio y nuestra salud.  No debemos sentirnos responsables por la felicidad de las personas amadas.

 


¿Disfruto ver felices a las personas que amo y me aman? Claro que si, muchísimo.  ¿Pueden esas personas que amo y me aman dejar de ser como son y actuar como actúan para disfrutar mi forma de Ser?  No pueden, ni siquiera llegan a darse cuenta que existen otras formar válidas de Ser y sentir.  No se trata de animosidad o falta de amor, se trata de niveles de consciencia y sensibilidad.  Somos diferentes y en esa diferencia, encontrar la paz y el equilibrio suele ser tarea de quien puede ver más allá de lo visible.



Hay flores bellísimas en la naturaleza, sin embargo, muchas de ellas pueden ser extremadamente tóxicas, dependiendo del tipo de contacto, la duración e intensidad del mismo.  Algunas flores con algo grado de toxicidad son: lirio, tulipán, azalea, amarillis, crisantemo y lila de la paz.

 

Seguramente, mi vibración, mi forma de ser y mis energías pueden resultar tóxicas para algunas personas, y eso está bien.  No podemos ser compatibles con todas las personas que habitan este planeta, ni siquiera con todos los miembros del clan familiar.  Probablemente las reacciones hostiles y de rechazo de otras personas estén relacionadas con la falta de compatibilidad de nuestras energías y vibración.  Reconocer esa diferencia, creo, es el primer paso hacia las relaciones sanas.  No se puede construir Puentes allí donde los otros cultivan muros. No se puede iluminar allí donde las personas se sienten a salvo en las sombras.  Incluso la paz, puede resultar tóxica para aquellos que se sienten a salvo en el caos del ruido.

 

Susannah Lorenzo©

Desanudando las emociones y palabras atascadas en mi garganta que terminaron por debilitar mi voz (físicamente) desde hace unos días.

Martes 27 de septiembre

04:59 am

Alergia asmática y garganta cerrada por segunda vez en menos de una semana y por primera vez luego de un par de años.