domingo, 18 de octubre de 2026

Llovizna en el corazón

 



Es domingo. Ha amanecido nublado y lloviznando. He intentado mantenerme ajena a la fecha que se celebra hoy en Argentina, pero no hay forma de escapar; aunque no deambule por las redes sociales, hay celebración y reuniones familiares en el vecindario.

Desde ayer, el corazón duele intensamente, el verdadero síndrome del corazón roto que parece traspasar todo el pecho con una enorme espada, como la carta de 10 de espadas que salió ayer en el Tarot. En la carta de White Sage Tarot, 10 espadas atraviesan una cinta de color verde que representa el Chakra del corazón; no podría describirlo mejor.


Ayer deseaba con todas mis fuerzas recibir dinero para comprarme algo rico, como esas cajas o desayunos que ofrecen dulce y salado; y también para regalarme algo bonito. Me di cuenta que más allá de la necesidad real económica de cubrir necesidades básicas y darme un gusto, había una carencia emocional de propiciar esa celebración que hace años no recibo de mis hijos. Parece un deseo frívolo, eso de compensar los regalos que no recibimos con auto regalos; pero en el fondo es una muestra de amor propio de auto celebración, de aceptar que a pesar de las distancias y los errores, fui la mejor madre que pude, dadas las circunstancias y limitaciones.


Es domingo, llovizna en el corazón. Me he despertado sin ganas de hacer nada, con el deseo de poder comprar todo preparado, sin hacer ningún esfuerzo, y buscar la manera de que el día sea un poco más amable. He juntado fuerzas, me he duchado con agua bien caliente para aliviar los dolores físicos; he limpiado los trastos acumulados en la cocina desde ayer y me he inventado una especie de pan con harina, una zanahoria rallada y el último huevo que quedaba en la heladera. Debería hacer pan para comer el resto del día, tengo harina para eso, pero me pregunto si la tristeza hará que el pan salga amargo. Es que hoy no tengo ganas ni de cocinar, ni amasar, ni limpiar, ni trabajar, ni ocuparme de nada más que de navegar esta melancolía y aliviar el dolor que me perfora.


Mi alma, mi espíritu, mi consciencia superior, la terapeuta holística y la aprendiz de mujer medicina comprenden la realidad, entienden las distancias y respetan los tiempos de sanación de las personas que amo, especialmente de mis hijos. Sin embargo, la mujer mundana, la mujer terrestre, la madre terrena, no puede evitar el dolor de la ausencia y el peso de una condena no merecida.


Es domingo, Día de la Madre en Argentina. Susie, la hija que fui, está triste. Susana, la madre que fui, está triste. Ambas relaciones estuvieron marcadas por distancias emocionales, malos entendidos, suposiciones, rumores infundados, historias inventadas, mentiras normalizadas y un canal de comunicación demasiado contaminado por influencias de terceros.


No se trata de la carencia afectiva de sentirse amada o valorada, sino del profundo dolor que se puede sentir como madre, cuando somos conscientes del dolor, la amargura, el resentimiento y el enojo que aún causa nuestro nombre en el corazón de nuestros hijos. Es domingo, y este día es la confirmación de una realidad que ha perdurado por demasiado tiempo y confirma la ausencia de un milagro que tarda en llegar. Ayer sábado salió el sol, en medio de semanas climáticas con lluvia, frío, viento y cielos encapotados. Ese día soleado era también el contexto propicio para sentimientos encontrados, para albergar aún una pequeña dosis de esperanza: quizá un mensaje, una sorpresa bonita, un intento de cruzar el puente.


El cielo gris de hoy fue tan real como la cruda realidad que da cuenta de heridas que aún no sanan, corazones que no perdonan y exilios que no prescriben.


Como madre y como pitonisa, puedo percibir sus emociones y detectar las energías que los mueven, los pensamientos que los habitan y los silencios que los mantienen alejados de la paz que sus corazones necesitan.


Como Terapeuta Holística comparto recursos en mis canales y páginas web que podrían ayudarlos, guiarlos y acompañarlos; parece casi irónico que pueda ser faro para tantos navegantes desconocidos y los barcos de mis hijos prefieran enfrentar las tormentas con la certeza de que mi voz es un canto de sirenas y no un mapa para sus vidas.


La imagen de la Virgen de Fátima que me sonríe desde el altar principal, me recuerda que tengo muchos motivos para sentirme bendecida y agradecida, lo sé. Ella preside ese rincón sagrado en gratitud eterna porque dos de mis hijos viven por obra y gracia de Sus Milagros. Sé que hay madres que hoy no pueden celebrar porque han sobrevivido a sus hijos y preferirían ser una madre del exilio, como yo, y saberlos vivos y realizando sus sueños.


Todo eso lo sé, a nivel racional, a nivel de consciencia del alma; pero hoy no me alcanzan las bendiciones, hoy quiero más, me gustaría más, deseo algo más. ¿Es acaso egoísta o descabellado pedir más bendiciones? ¿Es siquiera un despropósito esperar más milagros?


No escribo para generar lástima, pena o siquiera compasión. Escribo para que las palabras saquen una a una esas espadas que atraviesan mi corazón; escribo para que la llovizna encuentre su cause en el escrito. Al terminar este párrafo, una nubes se han apartado, creando un hueco en el cielo por donde el sol da de lleno en el altar, las plantas y la Madre María. No es casual, lo sé, Ella me acompaña y me contiene, me da refugio y consuelo.


Mi proceso de sanación consciente del vínculo con mi madre comenzó mucho después de los 40; creo que sostenía la ilusión de que mis hijos comenzaran un poco antes, pero con 41, 40 y 39, aún parecen estar alejados de la intención de encontrar paz en sus corazones.


Dios lo sabe, lo que primero le pido, siempre, es que puedan sanar y recuperar el vínculo entre hermanos, sin gritos, sin reclamos, sin agresiones, sin burlas, sin resentimientos y sin culpas; con amor, con respeto y con gratitud. Restaurar sus vínculos fraternos, no sólo sería una transformación para sus vidas y su mundo emocional, sino que sería una ofrenda de amor para generaciones venideras, sus hijos y nietos; mis nietos y bisnietos.


En la distancia los bendigo, acaricio sus corazones, pido medicina sagrada para sus heridas y susurro canciones de cuna allí donde su niño interior se acurruca asustado y dolido.


Quizá algún día, se permitan conocerme, en esta versión transformada, alejada de aquella mujer tan rota por dentro que los amó desde la carencia emocional y los traumas sin sanar.


Tal vez, antes de que me vaya de este plano, podamos compartir un encuentro en armonía, en paz, con respeto y con amor.


Mientras tanto, sigo eligiendo la distancia y manteniéndome a salvo en el exilio; mi corazón ya no resiste más gritos, acusaciones injustas, reclamos, agresiones verbales o gestos de despecho.


Establecer un límite para no ser acusada y culpada constantemente por todo lo malo de sus vidas no es solamente un acto de amor propio para preservar mi salud mental y emocional; es también, una forma de protegerlos de si mismos, porque cuando permitimos la violencia en cualquiera de sus formas, sabemos que ellos mismos lo reciben como un bumerán.


Susannah/Susie/Mummy

18 de octubre de 2026









martes, 14 de julio de 2026

Notas desde el exilio


 



Soy un recuerdo dormido en el desván de tu mente,
Un asteroide extraviado en un universo fugaz,
Una leyenda urbana que desconoce los bosques sagrados,
Un rumor multiplicado por voces que no hablan mi idioma,
Una pregunta que nadie sabe responder, 
Una herencia que todos rechazan,
Una canción que ya nadie silba,
Una palabra tatuada en la piel de tu corazón, 
Una grulla sobrevolando el desierto de tu memoria, 
Una gota de rocío suspirando en tu corazón cuando duermes, 
La nodriza que vigila tus sueños, 
La mariposa que te besa en la frente.

11.7.2026
Cuando me busques
Notas desde el exilio
Susannah Lorenzo©
Susie / Susannah / Abu Sue
Escúchalo con mi voz

lunes, 30 de marzo de 2026

Deseos escondidos

 



A veces te sueño,

ventanas astrales

que muestran

tus sombras inquietas

tus soles y tus lunas

tus heridas aún dolientes.


Otra veces el encuentro

sucede cuando tu alma

me busca libre de vigilancia

que tu ego impone

para atormentar tu corazón.


Al despertar añoro

esos momentos que nunca

suceden en el plano visible

y que están en desacuerdo

con los mandatos de tu mente.


Desde la distancia percibo

tus tormentas agitadas

tus días apacibles

tus dolores innombrables

y los sueños que has olvidado.


Desde el exilio y calladamente

bendigo tu nombre y tu vida,

le pido a Dios que te guíe,

a la Madre Divina que te arrope

y a Jesús que camine a tu lado.


Cada tanto, algún deseo despierta,

te veo llegar con tu corazón liviano,

el alma luminosa y cantarina,

las semillas de amor florecidas,

el perdón convertido en agua mansa

y la palabra transformada en caricia.


Mientras tanto, te amo en pausa,

sin prisa ni expectativas,

rezando siempre por tu paz interior,

por la sanación de tus vínculos

y por la remediación de tus puentes.


Sin embargo, anhelo ser testigo

del día en que recuperes

la memoria agradecida

de las bendiciones de tu pasado

y que te desvistas de todo aquello

que dañó tu frágil corazón,

y así tu presencia plena

te permita amarte y amar

desde una libertad de mochilas

que sólo multiplican la carga

que arrastras como un lastre.


Yo no pido que me perdones

pues ya no soy esa mujer

que te dañó desde

sus propias esquirlas.


Apenas si aspiro

a que un día cualquiera

llames a mi puerta

y te permitas conocerme,

pues aquella a la que aún

culpas de un corazón dolido

es sólo una fotografía borrosa

en tu mente habitando el pasado.


Cuando quieras, aquí estoy;

cuando puedas y te lo permitas

mi corazón siempre guarda

un refugio de paz,

una pócima sanadora,

un abrazo silencioso,

un beso luminoso en tu frente

y mi mano bendiciendo tu corazón.


Si cierras los ojos, respiras hondo,

aquietas tu mente y acallas las palabras,

recordarás el camino

y sentirás el latido

de una semilla amorosa

que jamás morirá.


Susannah Lorenzo

23 de marzo de 2026

Escucha el audio con este poema en el canal principal de YouTube.


jueves, 18 de septiembre de 2025

El hombre del otro lado

 Hoy he despertado convencida de que era viernes; he debido revisar varias veces el calendario para comprobar que es viernes, en verdad.

Hoy he despertado varias veces, como cada día desde que pasé la barrera de los 50; buscando la sensación de descanso que me permita sobrellevar el día, con una cuota mínima de dolor crónica.

Mis despertares, son a veces como un sacudón abrupto después de una teletransportación; demorando la consciencia de los sentidos para recordar dónde vive realmente mi cuerpo físico.




La última vez que desperté esta mañana, fue una transición brusca, inesperada y repentina, entre un encuentro amoroso con el hombre del otro lado y la realidad tangible de mis huesos y músculos adoloridos, en el silencio de un departamento que aún permanece en quietud.

Del otro lado vive un hombre amable, gentil, cariñoso y enamorado que me busca cuando menos lo espero.  Me ha besado ya un par de veces y cada vez, he regresado a mi vida mundana con el sabor de sus labios y el aroma de su amor en mi corazón.

En esta ocasión, ha sido diferente, porque he visto su rostro y he escuchado su voz.  Si tuviera la habilidad para dibujar personas, podría traducir la imagen fotográfica en mi mente a un retrato de cuerpo completo, plasmado en el papel.

Lleva el pelo con bastantes canas, es más alto que yo y de contextura robusta.  Tiene la sonrisa amable y la mirada transparente y chispeante.

El primer beso, de este encuentro, me lo ha robado, inclinándose sobre mí, al encontrarme sentada junto a otras personas, en una suerte de sala de espera frente a un gran ventanal.  Con una sonrisa y un ademán me ha pedido sentarse sobre mis piernas, y yo he accedido gustosa.

Sentado frente a mí, me ha abrazado con amor y ternura, en una celebración de un esperado encuentro.  Luego, ha vuelto a besarme varias veces, lento y sabroso, con besos macerados en el tiempo que sabe de cosechas.

Después, cada uno ha continuado con sus tareas, mandados y situaciones que acomodar en el mundo invisible.

Al regresar a buscarlo, lo he encontrado detrás de la casa de mi abuela materna, sentado en una galería con plantas, leyendo un periódico.

Esta vez, yo me he sentado sobre sus piernas y lo he besado con la sed de quien bebe maná de los labios del amado.

Entonces, él me ha dicho: Debo estar escuchando música, porque has dejado de correr de un lado a otro, te has aquietado y me besas mientras no estás ocupada en otros asuntos.

Nos hemos besado tan dulce, que, al despertar, mis labios permanecían húmedos y sensibles.





No hubo despedida ni promesas; mi cuerpo físico simplemente ha reclamado mi alma y me ha hecho aterrizar con prisa.  Me pregunto si el hombre del otro lado vive también en este plano.  Bastaría una sola mirada y la proximidad de un abrazo para reconocerlo.

Susannah©

18 de septiembre de 2025

Puedes escuchar la narración de esta historia en mi canal de Una Niña de 60.

Te invito a escuchar mi confesión de doble vida (Entre Mundos), en un Short del canal de Una niña de 60.


sábado, 24 de mayo de 2025

Desde el espejo

 

Art: Alev Neto

Me miro y me trato con compasión y ternura, aceptando todo lo que soy; reconociendo lo que aún puede transformarse y haciendo las paces con lo que forma parte de una identidad divina, perfectamente imperfecta.

Me perdono por todo el daño que pude causar involuntariamente a las personas que más amo, porque cada decisión y cada movimiento en mi vida fue hecho desde el nivel de consciencia en ese momento; y de acuerdo a la disponibilidad de recursos o las circunstancias limitantes. Porque no alcanza con haber pedido perdón o continuar implorando perdón en las oraciones que susurro, si yo no logro perdonarme a mí misma.

Aprendo a soltar la culpa que me ata a un pasado que ya no puedo cambiar y a errores que no puedo deshacer. Desde la liberación de esa carga vetusta y amarga, creo el espacio disponible para manifestar una vida más bonita y relaciones más sanas.

Sólo si observo el trayecto recorrido con respeto, desde la Luz y con Amor, puedo comprender que tanto yo como otras personas en mi vida, hicimos lo mejor que pudimos.

No soy responsable por la elección que hacen otras personas de aferrarse a las heridas o revivir constantemente los recuerdos dolorosos.  Elijo no dejarme arrastrar por sus emociones, sus tormentas, sus condenas o sus resentimientos.

Me miro con compasión y ternura, recordándome que no soy responsable de la felicidad, el bienestar o la paz mental de las personas que interactúan conmigo. Cada quien tiene su propio camino por recorrer, su viaje interior que emprender y un único aprendizaje de vida para expresar la esencia de su alma.

Aún cuando tengamos intenciones bondadosas y espirituales, inevitablemente, las diferencias de vibración energética, identidad, creencias y prioridades, podrán causar malestar, incomodidad o incluso provocar hostilidad en quienes desconocen o ignoran la individualidad sagrada de cada ser humano.

Continúo aprendiendo, creciendo, sanando, evolucionando y por lo tanto, transformándome; por eso, me abro a experimentar desde mi imperfección y en medio del caos de la vida misma. 

Como aprendiz perpetua, acepto pacientemente que habrá errores  y fracasos; aunque al fin de cuentas, el único  y verdadero fracaso es estancarse en la desidia y dejar de intentar compartir lo que realmente somos.

Susannah Lorenzo© / Tejedora de Puentes

24 de mayo de 2025


domingo, 9 de marzo de 2025

Mal genio

 


Puentes ha cumplido 8 años, de siembra intensiva, de esfuerzo constante, de entrega, devoción y esmero. Esta Hoja de Ruta y Catálogo de Publicaciones reúne todo el trabajo creativo y holístico de estos años.

Un estallido de mal genio podría fácilmente desactivar todo con un par de clics y anulaciones de cuentas.  Sería silencioso y casi indoloro, el mundo seguiría su curso y nada perdería su equilibrio en el planeta.

Escribo porque es mi manera de presentar el reclamo ante el Universo. No busco pena, ni lástima ni limosnas  Quizá sólo aspiro a una señal contundente que justifique seguir adelante y sostener el aliento un poco más, un profundo milagro que inaugure cosechas allí donde las semillas bostezan.

 




Hay días en los que sólo quiero ser una mujer terrícola, pedestre y sin ninguna tarea pendiente que implique transformaciones radicales, mariposas de colores o renaceres del ave fénix.

Como Elías, el profeta,  me canso de ver lo que nadie ve, de anticipar lo que nadie cree y de sentir lo que pocos se animan a sentir.

Se me acaba la paciencia, la tolerancia y la dulzura parece haberse transformado en un caudal amargo que invade cada centímetro de mi ser.  No me soporto ni a mí misma y todo lo que alguien dice o hace me cae mal, sobre todo si la persona que intenta comunicarse es incapaz de ver lo que realmente sucede.

Quiero declararme en huelga y exigir a mi Jefe supremo que cumpla con su parte del trato, que provea todo lo que necesito y que me dé un largo recreo con momentos fáciles y gozosos.

No hay comprensión que alcance ni confianza que sostenga la alegría en el servicio eternamente, cuando las dificultades se extienden más allá de los tiempos humanos y se pierde toda libertad de vivir dignamente.

En estos últimos días, los mensajes de los oráculos han hecho énfasis en la sanación de mi niña interior.  Tengo la sensación de que mi niña interior ya se cansó de ser la niña buena, de quedarse callada, de volverse invisible, de evitar hacer lo que le gusta para no molestar a nadie, y sobre todo, quiere reclamar su derecho de vivir bonito, jugar, salir a pasear, comer lo que tiene ganas y vestirse como le gusta.

Esa niña ha sido buena demasiado tiempo, se ha portado siempre bien, no ha dicho groserías y tampoco ha desatado tormentas de berrinches.  Ha cumplido siempre con las tareas asignadas lo mejor posible, ha aprendido todo lo que se la ha pedido, ha asumido el bienestar de demasiadas personas, ha escondido sus miedos y ha callado secretos que nadie quería escuchar.

Esa niña hoy tiene ganas de levantarse por la mañana sabiendo que todo será fácil y bonito, que no habrá que esforzarse demasiado por todo aquello que merece; que nadie la criticará por ser como es y que recibirá tantos regalos y bendiciones que podrá celebrar su no cumpleaños los 365 días del año.

Ni la niña ni yo queremos alguien que nos diga que ya pasará, que todo pasa, que Dios tiene una razón para todo, que los planes Divinos tienen sus tiempos, que Dios le da sus pruebas más difíciles a sus soldados más fuertes y toda esa reflexión espiritual que no cubre necesidades básicas, no paga la cuentas y tampoco alivia los malestares del cuerpo.




Creo que estoy enojada con Dios, decepcionada, diría yo.  Me he esforzado mucho, he cumplido con cada mandado, he permitido que destroce esta vasija una y mil veces, he dejado que me amase como arcilla mojada para transformarme en versiones impensadas.  Me cuesta mucho hoy, poner el foco en lo que podría ser, cuando lo que no es, se ha prolongado demasiado tiempo y ha condicionado mi salud y mis vínculos.

No quiero explicar, no quiero justificar, no quiero demostrar que en verdad me esfuerzo más de lo que cualquier persona haría en mis condiciones.

Sólo quiero pagar las cuentas, elegir qué comer y cuándo, elegir dónde ir y cómo, oler a limpio, lavar mi ropa, disfrutar mi trabajo, continuar el servicio desde una vida más cómoda.  ¿No es tanto, verdad?

Confío en Dios.  Confío en mi siembra.  Confío en mis talentos.  ¿Hasta cuándo?  ¿Cuánto tiempo es suficiente?

Aquí estoy, sentada frente a mi niña interior que se siente agotada, agobiada y exhausta.

Aquí estoy, sentada con esta mujer que ha envejecido y se ha deteriorado después de más de un año de vivir en condiciones extremas.

Trato de mirarme, escucharme y acompañarme como lo haría con alguien que está pasando un mal momento.  Pero sé que no alcanza con palabras, miradas, silencios o empatía.

A ti, Dios, te pregunto: ¿qué más quieres de mí?




Podría cerrar las tiendas, en este mismo instante, son una inversión de tiempo, dedicación  y dinero que parece no marcar ninguna diferencia.

Podría dejar de crear contenido y hacer difusión en los canales y diferentes plataformas; la interacción es tan mínima como la monetización.

Podría sentarme en esta esquina invisible del universo, declararme en huelga absoluta y dejarme consumir en la miseria.

No tengo ganas de apagarme así, midiendo el aire que respiro, administrando cada gota de maná para resistir pruebas que nunca terminan.

Sé que no soy este enfado, sé que no soy esta impotencia.  Sé que Dios sabe lo que no sé y que ve lo que no veo.

Pero hoy, mi niña rebelde quiere hacer un piquete, escribir una pancarta gigante que cruce el cielo de extremo a extremo y que sea lea en todos los idiomas: merezco una buena vida, merezco una buena muerte.  Concédeme esa Gracia, Señor.

Susie, abatida




Quizá sea hora de aceptar que ha sido todo un espejismo, que Puentes existe en una dimensión a la que no puedo llegar y que las voces mundanas ganaron su juicio y su guerra.

Me rindo ante ti Señor, no tengo fuerzas, ni recursos.  Dame refugio en tu Posada, Madre Divina.




Cuando realizas una contribución amorosa o una donación, te conviertes en el mensajero que Dios usa para co-crear milagros, responder oraciones y socorrer a quien lo necesita.

Si eres de las personas que disfruta del contenido en el canal de YouTube, descargas audios, meditaciones o Ebook de forma gratuita, o incluso si te inspiran las publicaciones en las redes sociales, puedes apoyar mi tarea.  De ese modo contribuyes a que pueda seguir compartiendo contenido de forma gratuita, realice más transmisiones en vivo, actualice equipos, mejore la calidad de los contenidos multimedia y pueda ofrecer más Talleres y servicios que acompañen tus procesos creativos y terapéuticos.

En la página web principal de Puentes, hay una sección para Auspicios y Donaciones.

En esa sección encontrarás diferentes opciones para bendecir Puentes y mi tarea.  No hay aporte pequeño cuando se hace con el corazón.

Gracias por tu comprensión, tu respeto y tu empatía.

Soledad Lorena© - Tejedora de Palabras

Susannah Lorenzo - Tejedora de Puentes

Meherdeep Kaur (Leona de Dios)

 

 


sábado, 19 de octubre de 2024

44 semanas en la Caverna

 Un viaje místico




Una de las cartas del Oráculo de Puentes con Dios (tarjetas devocionales) incluye la afirmación: “Señor, en tus manos soy arcilla.”

Creo que cuando canalizo y escribo las plegarias y afirmaciones, no puedo imaginar el impacto de esas palabras y no soy plenamente consciente de la profundidad del mensaje.

En los últimos 11 meses (aproximadamente), Dios me ha moldeado como arcilla húmeda.  Confieso que al principio me resistía y me agrietaba como una arcilla que no es maleable.

Ha destruido y transformado todas mis formas: mi cuerpo físico, mi mente y mi forma de amar, amarlo y amarme.

Es fácil creer en el poder y el amor de Dios cuando busca personas que lo ayuden a co-crear milagros en nuestra vida.

No dudamos en creer en el poder y el amor de Dios, cuando una cura milagrosa, mediante la oración sostenida, mantiene vivo a alguno de nuestros seres amados.

Sin embargo, en momentos de adversidad, nos parece que Dios nos abandona y en medio de la tormenta mental y emocional, llegamos a pensar que estamos siendo castigados.  Nosotros mismos nos flagelamos mental y emocionalmente por no haber hecho las cosas bien.

Repasamos uno por uno todos nuestros errores y nos quejamos de nuestras omisiones.

En el ojo del huracán o en la cuarentena del desierto, creemos que el único milagro posible es despertar en un lugar más cómodo y benevolente.  Ignoramos o despreciamos el milagro cotidiano de despertar cada día, como sobrevivientes de situaciones que matarían a más de uno.




Intuía que esta larga noche del alma llevaba casi 40 semanas; busqué una calculadora y al día de hoy, llevo 44 semanas.

Cuando se habla de los 40 días de Jesús en el desierto, es una metáfora con significados profundos; pues en verdad se enfrentaba a sus conflictos y demonios internos.

Hace algunos meses, entendí y acepté que esto no acabaría hasta que yo no hubiera aprendido lo que tengo que aprender, transformado lo que tengo que transformar y sobre todo, hasta que no me sentara amorosamente y compasivamente con cada uno de mis demonios.

En estas 44 semanas, he conocido niveles de pobreza que jamás hubiera imaginado.  Y aunque cada mes he tenido al menos una semana de gracia y bendiciones, las 3 semanas restantes han incrementado su nivel de dificultad.

Como en la universidad o como en un juego de mesa o digital, con cada nivel, tienes pruebas más difíciles para superar.  Sólo que en este caso, los únicos recursos eran mi mente, mi fe, mi corazón y mi aprendizaje holístico.

En los primeros meses creí que era un duelo entre Dios y yo, una pulseada cósmica de voluntades.

Con su infinita paciencia y amor de Padre, Dios ha logrado amansarme, moldearme, desnudarme de corazas y enseñarme el verdadero sentido y valor de la palabra confianza.

 Cada día oraba por un milagro y al llegar la noche, padecía en el insomnio de la frustración por no haber pagado las cuentas y por el hambre que perturbaba mi sistema digestivo y quitaba lucidez a mi mente.

Cada noche pensaba que sería la última, porque mi cuerpo de 60 años no resistiría.  Sin embargo, me despertaba y me despierto cada mañana con algún mandado de Dios, un lugar donde vivir y el servicio de internet gratis.

¿Acaso no es eso un milagro?




Que Dios pueda sostenernos cuando las circunstancias son totalmente adversas, es una muestra de Su poder y Su infinito amor.

Sólo un cuenco vacío y limpio puede llenarse plenamente de agua bendita.

Dios, como buen alfarero, ha hecho añicos mi vieja vasija.  Cuando estuve lista para comprender, ha tomado mis lágrimas y un poco de lluvia para amasar la arcilla, hasta dejarla suave y flexible.




Creo que el proceso está llevando tiempo porque ha habido mucha resistencia de mi parte y una rigidez mental que no le permitía al alfarero inspirarse en su creación.

Confundí muerte con derrota, vacío con carencia, conflicto con fracaso, silencio con desprecio y dificultad con castigo.

Dios no ha dejado de creer en mí ni un solo día; y a pesar de mi cuerpo físico debilitado, avejentado y frágil, Él ha confiado en mí para sus mandados, como yo les llamo, sus canalizaciones e inspiraciones Divinas.

¿Cuántas semanas puede alguien alimentarse sólo de agua y maná?

Solo Dios sabe.

¿Cuántas semanas puede sobrevivir una persona con enfermedades cardíacas sin medicación?

Sólo Dios sabe.

Esta noche he comprendido de qué se trata el aprendizaje.

Estuve todo el tiempo enfocada en revertir la pobreza en prosperidad económica.  Confundí la lección creyendo que era una maestría para aprender a manifestar abundancia.

Pues no; el aprendizaje comienza con desarrollar la verdadera confianza en Dios, dejándolo que tome el control total de mi vida; sin miedo, sin lucha, sin esfuerzo, sin expectativa, sin interferencia.  Y sobre todo, el entrenamiento se trata de aprender que el milagro más poderoso sucede cuando Dios sostiene nuestro aliento y nuestro latido contra todo pronóstico humano.




Debido a la debilidad física, la pérdida de masa muscular y un corazón que ha sobrevivido a base de cuidados naturales y mucho reposo, no he salido de casa en estas 44 semanas.  Mis únicas ‘salidas’ han sido hasta la entrada del complejo para sacar la basura o recibir algún pedido en los tiempos de bendiciones.

De algún modo, este aislamiento del mundo exterior y este encierro forzado, se parecen bastante a las cavernas que se mencionan en muchos textos.

En el mito de la caverna de Platón, la caverna representa la prisión que este mundo de lo físico crea en el alma humana, la luz es la realidad verdadera y universal; y la liberación de los prejuicios para soltar el alma hacia el mundo verdadero.

San Benito vivió en una cueva de la zona montañosa de Subiaco durante 3 años, para luego realizar la obra que Dios le había encomendado.

Estas cavernas que se repiten en mitos y en la vida de algunos hombres santos, a veces se nombran también como desiertos.  En todos los casos hay un vacío total, una soledad absoluta, una carencia de recursos y un viaje profundo a la oscuridad para aprender a sostener la propia Luz.

En todo caso, no es nuestra luz, sino que en ese despojo, aprendemos a entregarnos y convertirnos en esa vasija moldeada por Dios, que puede contener e irradiar Su Luz.

En la caverna, una aprende a vivir en el ‘aquí y ahora’; el presente es lo único que se tiene y aunque parezca imposible, siempre hay maneras de encontrar el equilibrio y sonreír por el milagro de estar sostenida por dios.  Cuando se carece de recursos y las necesidades básicas no están cubiertas, no se puede hacer planes de ninguna clase; ni a corto plazo siquiera.  Se puede soñar, por supuesto, pero una aprende que Dios es quien ha tomado el control.  La mejor medicina para eso es liberarse de expectativas y esperar la sorpresa de cada día; cuando Dios nos muestra qué necesita de nosotros o cuál es la lección del día.




Claro que no soy Jesús, ni Platón, ni San Benito; pero compartimos algo en común: la gente de nuestro entorno nos considera chiflados y hasta peligrosos.

El marketing de las terapias holísticas superficiales nos vende un positivismo tóxico y nos termina convenciendo de que sólo con el pensamiento podemos lograr milagros.

Podemos sí, ser co-creadores de milagros.  Pero una vez que hacemos nuestros votos de fe y acudimos al llamado de Dios, Él es el accionista mayoritario de nuestro emprendimiento, el decano de nuestra universidad y el alfarero de nuestra vida.

Medirse con el rendimiento o los logros de otras personas es nuestra mayor perdición. Intentar demostrar o justificar nuestro esfuerzo a otros es sólo una mala gestión de nuestra culpa, vergüenza y frustración.

Dios debería ser nuestra única medida.  Nuestra gestión emocional debería enfocarse en nuestra paz interior y en nuestra capacidad para irradiar la Luz Divina.

Susannah Lorenzo / Tejedora de Cielos

Una aprendiz muy lenta.

Puentes con Dios

Escrito entre la 01:00 y las 03:00 am de una noche con el influjo de la luna llena.



“Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo.” (Padre Nuestro)




Simbología de la caverna

Como arquetipo de la matriz materna, la caverna figura en los mitos de origen, de renacimiento y de iniciación de numerosos pueblos.

Numerosos ritos de iniciación comienzan por el pasaje del impetrante a una caverna o a una fosa.

Según una opinión más mística Dionisos es a la vez el guardián del antro y aquel que libera al prisionero rompiendo sus cadenas: «Puesto que el iniciado es un Dionisos es en realidad él mismo quien primero se mantiene prisionero y él mismo quien luego se libera; es decir, como lo vieron Platón y. Pitágoras, el alma está prisionera de sus pasiones y es liberada por el nous o intelecto» (MAGE, 290-291).

Como vemos, toda la tradición griega enlaza estrechamente el simbolismo metafísico y el simbolismo moral: la construcción de un yo armonioso se hace a imagen de un cosmos armonioso.

 La caverna simboliza la exploración del yo interior, y más particularmente del yo primitivo, rechazado a las profundidades de lo inconsciente.

La caverna se considera también como un gigantesco receptáculo de energía, pero de una energía telúrica y de ningún modo celestial. Así desempeña su papel en las operaciones mágicas. Templo subterráneo, guarda «los recuerdos del período glacial, verdadero segundo nacimiento de la humanidad. Es apropiada para las iniciaciones, la sepultura simulada y las ceremonias que rodean la imposición del ser mágico. Simboliza la vida latente que transcurre entre el nacimiento por obstetricia y los ritos de la pubertad. Comunica al primitivo con las potencias ctónicas (divinidades que residen en el interior de la tierra) de la muerte y de la germinación»

Diccionario de los Simbolos  - Chevaliar y Gheerbrant 



Sólo un cuenco vacío y limpio puede llenarse plenamente de agua bendita.
Susannah Lorenzo / Tejedora de Cielos