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viernes, 21 de octubre de 2022

Ganas de curarse

¿Qué tantas ganas tengo de curarme?

Debo realmente tener muchas ganas de curarme y estar dispuesta a ello, porque acabo de prepararme una gran jarra con una tisana de ajenjo (artemisia amarga o hierba santa), salvia y diente de león (Taraxacum officinale o achicoria amarga).




En realidad lo que hice fue buscar en mi alacena lo que tenía disponible para lidiar con el hígado y la vesícula que colapsaron el lunes pasado y hoy me han mostrado una piel muy amarillenta en el espejo.    Como la heladera y la billetera están vacías, no está siquiera la opción del  té de limón o de comprar algún suplemento o medicina en la farmacia.

La tisana es tan amarga que luego no sientes más que ese sabor en tu boca.  Creo que el pote con ajenjo estaba ahí desde un episodio similar que tuve hace un par de años, esa es una de las hierbas que  más evito porque es solo para valientes.  ¿Acaso el dolor no es solo para valientes?

Imagino que los productos farmacéuticos nacieron no solo como una manera de simplificar la medicina natural (ahorrando tiempo para quien consume los medicamentos), sino como una manera de evitar sabores desagradables.  Es que te tomas una cápsula o una pastilla y ni siquiera sabes lo que estás tomando, porque solo tiene gusto a talco o plástico.

Los remedios más eficaces de la naturaleza son los más amargos, los que huelen más desagradable o los que tienen apariencia o textura que no te tientan a probarlos.  En la vida es así, aquello que nos cura y nos sana, no es lo más bonito, lo más dulce o lo más agradable.  Aquello que necesitamos para curarnos o ayudar a alguien a sanarse es terriblemente amargo, doloroso o desagradable.




¿Por qué tengo tantas ganas de curarme?

Porque mi salud viene desequilibrada desde el 23 de septiembre, primero fueron las vías respiratorias y después bajó  al hígado, la vesícula y los riñones; para alguien que convive con enfermedades crónicas y que ya tiene los órganos averiados, no es algo fácil de resolver o equilibrar.  Sentirme enferma no es algo que disfrute y menos aún cuando me impide crear, trabajar, aprender, estudiar o simplemente ver lo bonito de la vida.

Sería mucho más fácil y agradable correr a la farmacia del barrio y conseguir un par de medicamentos encapsulados.  Por alguna razón, que solo Dios sabe, no es posible en este momento, entonces, no queda más que usar La Botica de Susie, preparar tisanas, trabajar con afirmaciones y códigos sagrados.  Después de todo, si hubiera estado disponible la solución fácil, no estaría escribiendo esto.


Art: Sophie Gaiman


¿Cómo ayudamos a alguien a curarse o sanarse?

Siempre digo que el verdadero proceso de curación o sanación sucede cuando la persona padeciente es parte activa en el proceso y elige cambiar hábitos y hacer algo para sanar.

Lo he contado en mi canal, mi primer experiencia con un curandero real y sabio, fue cuando mi hijo llevaba tiempo sin superar el problema pulmonar que le había quedado como secuela luego de una encefalitis y neumonitis.  Los antibióticos y los tratamientos médicos solo destruían su sistema inmunológico y cada vez estaba más débil y respiraba peor.  Si yo retiraba los antibióticos, no había episodios de fiebre, por lo tanto estaba segura que su pulmón estaba lleno de residuos acumulados durante su internación de 21 días.  El curandero lo observó detenidamente y luego lo miró a los ojos y le dijo: si quieres curarte, tendrás que tomar cosas muy feas.  Mi hijo que solo tenía 4 años, dijo con mucha determinación que estaba dispuesto.  Acudíamos a su consulta dos veces a la semana para imposición de manos, pero cada día, mi hijo debía ingerir tinturas herbales cuyo olor apestaba y  debía beber litros de tisanas que no tenían mucho mejor sabor.  Pero mi hijo quería volver a jugar y respirar.  Durante 40 días, se levantaba muy temprano en los días de la consulta, pues yo debía llevarlo antes del amanecer, para poder llegar a tiempo al trabajo; y luego se tomaba todas las medicinas naturales que yo le dejaba indicadas en la guardería donde los cuidaban.  No solo empezó a recuperarse pronto, sino que su organismo comenzó a expulsar flemas de todos los colores y texturas.  Nunca se quejó, confió en que su mamá estaba eligiendo lo mejor para él en ese momento.  Luego de los 40 días, era otro niño, jugaba, corría y respiraba bien, y a los pocos meses una radiografía mostró que sus pulmones estaban limpios.

Sucede del mismo modo con la sanación emocional y espiritual, queremos un milagro que Dios active en nuestras vidas, sin tener que cambiar ningún hábito o hacer demasiado esfuerzo.  Nos encantaría que existiera una cápsula mágica para despertar nuevos y transformados con solo pedirlo.

Todos transitamos por un período de nuestra vida o nuestra evolución en que nos aferramos a la luz de otra persona, a la capacidad sanadora de otra persona, a la sabiduría de otra persona o a los dones de otra persona.  Lo hacemos responsable de nuestra evolución y de nuestra sanación, porque así, si no funciona, tendremos a quien culpar.  El tema es que de ese modo nunca funciona, porque a menos que estemos dispuestos  a beber la medicina amarga, no podremos recuperar la capacidad de disfrutar la dulzura en nuestra vida.




¿Cómo llegué a este nivel de ictericia, hígado y vesícula colapsados?

El domingo me invitaron a tomar una merienda especial, pedí un cappuccino con frutos rojos, porque parecía algo sabroso e interesante.  Se veía mucho mejor de lo que sabía y el exceso de crema para disfrazar un cappuccino de mala calidad, fue algo que mi vesícula dañada desde la adolescencia no pudo procesar.




El colapso fue tal que lunes y martes no pude levantarme de la cama y no tenía ganas de comer ninguna cosa. 

Ahora bien, el hígado es la sede de la rabia y las acciones primitivas; donde acumulamos la justificación de las críticas para auto engañarnos y sentirnos mal.  En realidad nos enojamos o nos frutamos con alguien, no lo expresamos y luego estamos enojados con nosotros mismos por habernos fallado y por estar molestos con algo que no podemos cambiar.  Es decir que en el hígado se acumula todo lo amargo.  ¿Me sigues?  Entonces, para curar el hígado tenemos que tomar tisanas de hierbas medicinales que son más amargas que la amargura que tenemos acumulada.  Es decir, no es posible curar un hígado enfermo con un té de miel o un chocolate caliente.  Y solo cuando nos enfrentemos a la total amargura y a los cuidados que necesitamos para expresar nuestras emociones, podremos recuperar la capacidad de disfrutar postres y delicias dulces, en nuestra dieta y en nuestra vida.




La misión de una Mujer Medicina

Comenzamos hablando de tisanas amargas y terminamos hablando de la misión de una Mujer Medicina, porque todo tiene que ver con todo y porque mi escritura es siempre circular. 

Una verdadera Mujer Medicina no te sana, te brinda los recursos o te muestra el camino, pero tú caminas y tú eliges si usar los recursos o cómo usarlos.

Una verdadera Mujer Medicina no te hace la vida más fácil, en realidad, te enseña a lidiar con las complicaciones de tu vida, para que luego todo se te haga más fácil.

Una verdadera Mujer Medicina no solo baila contigo bajo la luna, te apapacha en días difíciles o te susurra antiguas plegarias al oído;  una mujer medicina también te receta tisanas amargas, te muestra en el espejo lo que no quieres ver y te obliga a caminar sola cuando es necesario para tu aprendizaje.

Una Mujer Medicina no necesita justificarse, demostrar lo que sabe o persuadir con palabras del alcance de sus dones.  Una Mujer Medicina, te mira y desnuda tu alma de todos los velos, te escucha y tamiza tus palabras a la luz de las verdades que solo Dios conoce; toma tu mano un instante para mostrarte el camino de las estrellas y luego la suelta para que descubras tu propio cielo.  Una Mujer Medicina rasca tu espalda llena de callos, hasta que un día, bajo las cicatrices, comienzan a florecer tus alas y descubres que todo lo amargo era apenas la antesala de todo lo dulce que te quedaba por vivir.

Susannah Lorenzo©

Tejedora de Palabras




martes, 1 de marzo de 2022

El mito del fracaso

 Muchas personas nos embarcamos en cambios de hábitos o incorporación de otros, luego de inspirarnos con la lectura de un artículo, escuchar una charla o ver un vídeo motivacional.

Suele pasar que a los pocos días se nos acaba la constancia y nos culpamos o castigamos por no haber podido hacer los deberes al pie de la letra, tal como lo indicaba una persona que parece ser mucho más exitosa que nosotros.



¿Por qué fracasamos y carecemos de constancia?

  • Puede ser porque nuestro ego intenta sabotear cualquier cambio que implique salir de nuestra zona de confort, aunque esa zona sea un pozo oscuro de miseria.
  • A veces, lo que estamos haciendo, la modalidad, el ritmo, la esencia o la receta que estamos aplicando, no resuena con nosotros, con nuestro interior.  Lo hacemos mentalmente, siguiendo las indicaciones de otras personas, pero somos diferentes y vibramos en otra sintonía.
  • Muchas veces fracasamos porque no vemos resultados en el corto plazo y la urgencia de nuestras necesidades o nuestro nivel de ansiedad, cree que lo que hacemos no funciona para nosotros.
  • Nuestras condiciones mentales y emocionales no son propicias para el tipo de ejercicio o práctica que estamos realizando.
  • El nivel de agobio, estrés o trauma que estamos sufriendo, nos impide conectar con la dinámica propuesta.

 

Cada persona vive una realidad distinta y los ejercicios  o prácticas propuestas están diseñados en un entorno y una situación que no es la nuestra, puede parecerse o no, pero las condiciones individuales pueden afectar el éxito de lo que intentamos lograr.

 

En el caso en que una persona está en modo supervivencia, ya sea por situaciones extremas del lugar donde vive (guerras o catástrofes naturales) o por circunstancias de pobreza que le impiden alimentarse adecuadamente; esa persona no tendrá la claridad mental, ni la actitud positiva que determinados ejercicios nos exigen.  Las situaciones traumáticas, la falta de alimentación adecuada, la falta de descanso físico y mental y el estado continuo de alerta, afectan la química del cerebro, el rendimiento físico e intelectual y por ende el estado emocional de las personas.




¿Estoy fracasando?

Tengo que analizar en base a qué parámetros estoy midiendo mi fracaso.  No puedo medir mi evolución, mis logros y mi porcentaje de cambio en base a la vida de otras personas.

Tengo que mirarme, contemplarme y medir los resultados en base a lo que yo era una semana atrás, lo que podía hacer ayer y lo que fui hace dos años.

Si yo me castigo, me culpo y me maltrato en mis pensamientos por no haber cumplido con el número de veces que debía escribir una afirmación, entonces, de nada habrá valido el intento.

Si yo me valoro, me celebro y me honro por los pequeños logros, por haberme animado a hacer algo que antes no hacía, por hacer el intento y por haber logrado sacar mi mente de la turbación durante al menos tres minutos, entonces, habré tenido éxito.


Es la actitud, la intención y el sentimiento lo que determina que yo pueda lograr cambiar mi campo energético, mis vibraciones y por ende mi realidad.

 


 

En la vieja escuela de los profesores de gimnasia o entrenadores, la clase de gimnasia era efectiva si te dolía todo el cuerpo y quedabas exhausto.  No es así, el esfuerzo físico sumado al estrés mental y a la disciplina exagerada que nos convierte en padecientes, resulta en una actividad que terminamos detestando y para la que nuestro cuerpo buscará una y mil maneras de resistirse.

En cambio, si cuando voy al gimnasio, a una clase de zumba o una clase de Tai Chi, lo disfruto, puedo desconectar mi mente y hago lo que puedo desde mis condiciones físicas y mi nivel de flexibilidad y coordinación, sentiré la necesidad de multiplicar la frecuencia y la duración; me haré el tiempo y provocaré las condiciones necesarias para participar de esos encuentros.



Considero que lo mismo pasa con las afirmaciones, la meditación, la escritura terapéutica, el Tapping (EFT) o la repetición de mantras. 

¿Tengo que educar a mi ego?  -- Si.

Pero todo lo que hago debe ser amorosamente, con compasión, con ternura y con paciencia sin descuidar las condiciones externas que me rodean o las situaciones personales que pueda estar atravesando.

El maestro, el coach, el gurú, la terapeuta o quien nos guía detrás de una pantalla o detrás de un libro, desconoce totalmente nuestra realidad, nuestro metabolismo, nuestros ciclos, nuestras limitaciones, nuestros traumas, nuestras debilidades y fortalezas, nuestros conflictos emocionales o nuestras condiciones de salud.

Somos nosotros, quienes responsablemente debemos conocernos, reconocernos, aceptarnos y adaptar cualquier práctica o ejercicio a nuestra realidad.

Es mejor escribir una afirmación por día, disfrutando amorosamente de lo que hago, con atención plena en lo que escribo y en el dibujo de la caligrafía; que haber escrito 10 afirmaciones con la mente divagando vaya a saber dónde, cumpliendo de forma automática y ausente una tarea que hicimos como un deber escolar que se debe presentar para obtener una buena calificación.




Experiencia personal

Solía estresarme por cuántas veces realizaba un ejercicio o cuántos días lograba sostener una práctica.  Eso me quita paz y me llena de culpas que pueblan mi mente de pensamientos negativos.

Las circunstancias que me ha tocado vivir en los últimos años han deteriorado mi salud física, mental y emocional.  No siempre tengo el mismo rendimiento, no siempre puedo pensar con claridad.  Muchos días, muchas semanas, sobrevivo en modo cactus (bajo consumo), preservando la poca energía de que dispone mi cuerpo para lo imprescindible.  Sigo el ritmo que impone mi cuerpo, porque es la única manera de que mi salud no se complique aún más.

Tengo muchos recursos, prácticas y ejercicios que me gusta hacer, pero no siempre tengo el ánimo o la predisposición; no siempre logro estar presente.

Mi objetivo es cultivar la paz interior y lograr cambiar mi vibración y mi campo energético para manifestar una realidad diferente  a la que vivo.




Hace más de una semana, una buena amiga me recordó el método Tesla del 3-6-9, en el que escribes la misma afirmación 3 veces por la mañana, 6 veces durante el día y luego 9 veces antes de dormir.

No empecé en la mejor de las semanas, estoy débil, tengo dolores de cabeza casi a diario y el modo cactus reduce la cantidad de horas que estoy activa.  Al principio, comencé con mucho esmero y determinación.  Luego entré en la espiral de culpa y castigo (mental) por no ser capaz de lograr algo tan sencillo.

Me di cuenta a tiempo y adopté otra postura.  He flexibilizado mis exigencias. Algunos días solo cumplo el primer paso, otros días los dos primeros y solo un par de veces llego hasta el tercer paso.

Sin embargo, he coloreado mandalas, he hecho ejercicios de respiración con cristales en los chakras y me he permitido hacer aquello que me hace sentir bien aunque aparentemente no sea productivo ni conduzca a nada.




En un mundo que demanda y exige productividad 100%, los tiempos de ocio y placer se consideran un desperdicio.  Sin embargo, una persona que ha descansado correctamente, que siente placer y disfruta lo que hace, que ríe y que siente paz en su corazón y en su mente, es mucho más productiva a la hora de sentarse a trabajar; y está en mejor preparada para enfrente las dificultades y frustraciones propias de la vida.

Creo que lo que importa al terminar el día, no es cuántos ejercicios hicimos o con cuántos deberes y pendientes cumplimos, sino qué tan a gusto nos sentimos con nosotros mismos.  Lo que importa al apoyar nuestra cabeza en la almohada, es si nuestro corazón siente gozo y paz, si nuestra mente está despejada y nuestro cuerpo es capaz de relajarse para descansar.

Susannah Lorenzo©

Tejedora de Puentes




Te invito a ver este Vídeo donde hablamos de por qué muchas veces creemos que las Terapias Holísticas no funcionan.

 Nota: Yo no soy Tesla, ni la Madre Teresa, ni Louise Hay, ni el Chamán que me inspira cuando lo escucho.  Yo Soy Susannah Lorenzo.  Tú no eres yo ni ninguna de las personas que te inspiran o a las que admiras.  No existe una receta única, un método no aplica de la misma manera para todas las personas. Cada quien debe encontrar su ritmo y adaptar la receta según sus recursos y posibilidades.


viernes, 7 de agosto de 2020

De ruleros y actitudes

(Esta publicación está inspirada en la reacción y los numerosos comentarios bonitos y elogios que recibió la foto de doña Florinda en el backstage de un vídeo de YuTube.  Gracias.)

Medio rostro maquillado, medio rostro al natural


El canal de YouTube nació como una excusa para ganar una beca.  Comencé a sembrar en él como una forma de difundir y educar sobre los productos de mi pequeña  tienda.  Creció como un proyecto de desafío personal, profesional y la decisión de aceptar y seguir las señales del Universo.

Para una perfeccionista como yo, hacer vídeos sin los recursos técnicos adecuados fue un aprendizaje intensivo de valerme solo de la intención, mi talento y mis pasiones.

En lo personal, fue una técnica de sanación más poderosa que la técnica del espejo, ya que los vídeos permanecen y se reproducen una y otra vez. 

Muchas veces, cuando tengo que recomendar algún contenido, me toca reproducir mis propios vídeos.  A veces me sorprendo del desparpajo, la soltura o lo bien que está armado un vídeo.  Más de una vez, ni siquiera recuerdo cómo fue que ‘me dictaron’ reflexiones profundas que no podría repetir de la misma manera por segunda vez.  


Otras veces, encuentro defectos en la edición, en mi apariencia, en mis lugares comunes al hablar o muletillas que podría haber evitado.  Llego a ser tan cruel conmigo misma, que me pregunto cómo pude algunos días decidirme a grabar a pesar de mis ojeras o mi apariencia de entre casa.

Hay videos a cara lavada, hay vídeos en los que me he maquillado solo para la audiencia de YouTube y hay otros en los que simplemente he grabado después de una larga jornada de trabajo.

Para mí, el maquillaje es un manifiesto, una celebración y una declaración al Universo.  

Sin embargo, la cara lavada es un acto de rebeldía ante quienes buscan luces de neón, estuches vistosos y espejitos de colores.  Es también la valentía de mostrar mi esencia, mis emociones y mi alma, sin disfraces ni velos.  Es mi forma de decir: ‘me siento a gusto y sé que si estás aquí es porque mi voz y mi mirada pueden más que un labial o una máscara de pestañas’.

 


Susie©

Susannah

Madrugada 07 de agosto 2020

(Intencionalmente, la mitad de mi rostro está maquillado y con el pelo después del look Doña Florinda.)








jueves, 18 de junio de 2020

De pobrezas, maquillaje y poder personal

Por aquí en estos lares el mito popular dicta que la pobreza es sinónimo de descuido, desprolijidad, suciedad y por supuesto nada de maquillaje ni accesorios de colores.

Vengo de familia de abuelos pobres y humildes, con un baño o escusado a varios metros de la casa, baño de inmersión en un fuentón grande los domingos y ropas cosidas o remendadas a mano.  Sin embargo, mi abuela mágica siempre se las ingeniaba para oler bonito, se teñía sus labios y sus mejillas con el pétalo de alguna flor y cuando le quedaba un vuelto, se compraba su polvo Angel Face.  Mis tías solteras que nunca conocieron la prosperidad y la abundancia, cada vez que nos enviaban una encomienda en tiempos difíciles, además de alimentos, un billete enrollado para sorprender, apósitos femeninos para poder salir a trabajar y alguna manualidad para hacer y ocupar el tiempo con los niños, enviaban siempre algo de maquillaje, porque decían que si me ponía linda, me iba a sentir mejor.


En esos tiempos en que mis tías enviaban su ayuda cada mes, vivíamos con mis hijos en lugares sin ventanas, con piso de hormigón, paredes frías y húmedas sin pintar y baño sin agua caliente.  Sin embargo, la garrafa que se usaba para cocinar, se usaba para calentar agua, y con un balde preparado y un jarro, cada quien se higienizaba en el baño helado.
Puedo haber pasado frío  y haberme enfermado, lo reconozco, más de una vez, por la condición precaria de mi lavado con balde y jarro.  Aún cuando no tenía ducha, dejaba volcar un jarro de agua caliente desde mi cabeza, recorriendo todo el cuerpo, para imaginar, que estaba un poco más limpia.  El pelo se lavaba, en momentos diferentes, en la pileta de la cocina.
Cuando no he tenido lavarropas, la ropa se ha lavado a mano y tendido en un baño, en una ventana o donde hubiera lugar.  El calzado siempre se ha mantenido limpio, con lo que hubiera disponible en cada ocasión.

Esta cuarentena obligada por la pandemia nos ha mantenido encerrados y nos ha hecho perder a muchos la posibilidad de trabajar de la misma manera que lo hacíamos antes.  La pobreza se ha extendido sin mirar clases, ni estudios, ni preparación académica.  Por otro lado, el encierro, ha sumido a muchos en el desgano, la desidia y la depresión, como si nada valiera el tiempo y la dedicación de lavarse el pelo, depilarse/afeitarse, mantenerse limpio y cuidar el aspecto personal.

¿Por qué la mayoría de las personas en este país cree que para pedir/recibir ayuda hay que oler mal, verse peor y lucir miserable?

¿Por qué la mayoría de las personas sólo se maquilla, se baña y se mantiene presentable y agradable cuando tiene que cumplir con extraños? De repente parece que la moda Robinson Crusoe se hubiera impuesto con  la debida justificación del aislamiento social.


Parte de mi maquillaje superó hace tiempo la fecha de vencimiento.

En todas las culturas antiguas, en los pueblos indígenas de toda América y de otros continentes, el maquillaje, la vestimenta, los accesorios y las joyas, no eran solamente un símbolo de casta o clase social; algunos se usaban para cortejar pero muchos se usaban para prepararse para la guerra, la muerte o los cambios de ciclos en la vida.

Tanto hombres y mujeres se preparaban para tiempos difíciles; la forma de maquillarse y los colores los preparaban para cada ceremonia, ritual o enfrentamiento; como si al pintar símbolos en su rostro o en su cuerpo, le estuvieran hablando al universo de su valentía y sus principios.  Incluso los guerreros/soldados, elegían su mejor armadura, escudo, espada, faja o vincha, para salir a ganar esa batalla tan difícil.  En muchas culturas era común, incluso, untar los cuerpos con aceites aromáticos, no sólo para proteger la piel, sino para 'empoderar' al guerrero y activar su energía de fortaleza indomable ante la adversidad.




Si estamos viviendo una situación de pobreza, limitación o crisis económica, sumirnos en una actitud de miseria y vernos cada día como un ser pobre y miserable, no nos ayudará a salir del pozo oscuro en el que estamos.

Si, por el contrario, cuidamos nuestro aspecto personal, nos vestimos y maquillamos para nosotros mismos, para las pequeñas tareas que realizamos en casa, para salir a comprar un poco de verdura o hacer un trámite simple en el centro, estaremos adoptando una actitud positiva que nos permitirá encontrar más claramente el camino de salida a nuestro laberinto.

Las hormonas del placer se activan con todos los sentidos; al usar un perfume por ejemplo, nuestro sistema nervioso percibe los olores, no solo a través del olfato, sino también a través de todos los poros de la piel y eso genera sensación de bienestar y placer.  Permitirnos disfrutar el vernos y sentirnos bien, a pesar de la realidad que podamos estar viviendo, no va a cambiar inmediatamente nuestra realidad, pero si ayudará a que nuestra predisposición nos permita ver las cosas desde otra perspectiva.


Este esmalte fue el resultado de un canje con otra emprendedora.

Reconozco, tengo períodos en los que la realidad y los problemas me ganan y estoy en modo piyamas durante semanas enteras.  Generalmente cuando me quedo mucho tiempo en esa postura de pobre Susana, qué miserable es tu vida... las cosas no mejoran, sino que empeoran.

Es cierto, la mente y las hormonas de hombres y mujeres funcionan diferente, solo una mujer entendería lo que puede provocar en el estado de ánimo pintarse las uñas y depilarse aunque no veamos a nadie en toda una semana.  Pero estoy segura que el perfume puede afectar a hombres y mujeres por igual, del mismo modo que usar ropa que nos haga sentir cómodos y atractivos o hacer actividades que disfrutemos y activen nuestra alegría.

Condenarnos a la miseria emocional y espiritual porque nuestros números rojos se multiplican abonados por la crisis del país y del mundo, no hará que el universo entero nos tenga pena, se apiade de nosotros y un día nos despierte en la isla de la abundancia.  Revolver el caldo de las penas, lamentarnos y adoptar un semblante de angustia y frustración durante todo el día, puede que convenza a alguien de que necesitamos ayuda, pero no nos servirá para ayudarnos a nosotros mismos y encontrar la llave, la clave y la palabra de acceso para cruzar del otro lado del río.

Soy de las personas que cuando pide ayuda, lo hace porque la situación es mucho más grave de lo que alguien pueda imaginar, pero me da vergüenza contar detalles de cuán grave  y serio es el problema.  Aún a mis 55 estoy aprendiendo a recibir sin sentirme culpable o avergonzada. Nos sirve un plato de comida, una donación que achique las cuentas, un fondo extra en el banco, regalos inesperados o resolución de trámites.

Sin embargo, lo que toda persona necesita es la posibilidad de acceder a una vida mejor a través de sus propios talentos, oficio, trabajo y servicio.  Es decir, en mi caso, preferiría vender todos mis libros que tengo en stock (sin tener que rebajar el precio) y renovar la edición cada mes, antes que salir a pedir ayuda para pagar las cuentas o poder comer algunas semanas.

Mientras tanto, me obligo, me empujo, me arrastro, me aliento a salir de la inactividad de alguna manera creativa: invento nuevos proyectos, siembro nuevas semillas, me maquillo, me perfumo, bailo un rato, elijo la ropa que voy a vestir para mi próximo vídeo, uso vestidos, arreglo mis uñas y trato de disfrutar los momentos que se pueden disfrutar.  


El cuidado personal es un acto de amor propio y de respeto y celebración hacia nuestros Puentes internos y externos.



De ese modo, como una machi que trenza su pelo con cintas de colores, fuma su pipa con parsimonia, cuelga sus collares sobre sus blusas escotadas y rodea sus muñecas con pulseras que anuncian su paso y llaman las energías bonitas del universo, así me preparo para esperar lo que la vida tenga para mí.

Susie
Susannah
Susana

18 de junio de 2020


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🌷Susannah Lorenzo
Tejedora de Puentes

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sábado, 2 de marzo de 2013

Expectativas


Entiendo que alguien no  pueda hacer algo, pero si no sabes si puedes, no prometas, porque los corazones sensibles nos quedamos esperando.

Respeto la ignorancia y la falta de educación cuando es la resultante de una circunstancia de la vida, pero no tolero la gente que actúa como si supiera y no tuviera nada que aprender.

Puedo aceptar que lo intentes y te equivoques y perdonar tus errores siempre y cuando no se repitan.  De nada sirve pedir perdón por un error que se comete una y otra vez.

No exijo que me ayudes pero si te ofreces en palabras con un: “puedes contar conmigo”, trata de recordarlo para que cuando golpee a tu puerta no me sienta avergonzada.

La palabra es un don, una moneda preciosa que compra y vende momentos y sentimientos.  Mide tu palabra, úsala con esmero y con respeto.

Las actitudes precipitan tus deseos o desdicen tu discurso.  Cuida  lo que haces y recuerda lo que has dicho.  La confianza se gana con coherencia y con la verdad entera, esa verdad que se dice, se res pira, se siente, se viste y se camina.

Susie
Soledad Lorena
02 Marzo 2013