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miércoles, 20 de julio de 2022

Sobre enojos y puentes rotos

Uno de los errores más comunes de la vida espiritual y la práctica de la paz interior, es obligarnos a reprimir cualquier señal de enojo.  Nos acostumbramos a respirar hondo, eliminar cualquier manifestación de nuestro desagrado, mantener la calma y evitar los conflictos.



Sin embargo, somos seres humanos y cualquier invalidación de nuestros derechos, una injusticia o una falta de respeto severa puede enojarnos.  Las personas se acostumbran a que como somos seres pacíficos, debemos mantener siempre una línea de conducta de voz tenue, silencios y modales amables.  De cuando en cuando, algunas personas necesitan que pongamos límites, necesitan saber que la paz y la amabilidad no dan lugar al atropello y que el enfado bien canalizado y expresado sin insultos es una manera de ubicar a cada quien en su palmera, como dice alguien a quien quiero mucho.

Guardar los enojos, evitar siempre cualquier clase de conflicto, ceder constantemente en pos de la paz de las relaciones y guardar nuestro tono de voz severo pueden causar la acumulación tóxica y explosiva de cóleras no controladas, que como el fuego, tomarán medidas insospechadas y crecerán a la sombra de la falta de amor y atención.  Entonces un día, bastará una gota para rebalsar el vaso, una chispa para encender la hoguera y quemar el portón tras el cual permanecían ocultos nuestros disgustos.  Nos hallaremos de mal humor, intolerantes y no tendremos paciencia ni para nosotros mismos.  Apenas una chispa, recordará todas las chispas, todos los momentos, aún aquellos que sucedieron décadas atrás.

Si cedemos para ser aceptados o no ser rechazados, en realidad, no nos están aceptando tal como somos, simplemente están aceptando una proyección a medida de los otros.  Si callamos porque nuestra verdad ofende y mantenemos la paz a costa de nuestro silencio, en verdad, estamos siendo injustos e infieles a nosotros mismos.  Nadie más que nosotros defenderá nuestros derechos, nuestro espacio, nuestra voz, nuestro lugar en este mundo o nuestra forma auténtica de ser.



Solemos callar lo que sentimos para no cargar con la culpa de que las otras personas se sientan ofendidas, lastimadas o decepcionadas por manifestar nuestras emociones.  Les permitimos que disfruten de una relación anestesiada por la diplomacia, los disfraces y los eufemismos.  Nos desconectamos así, de las emociones que creemos negativas, y por lo tanto nos alejamos del verdadero equilibro de nuestra alma y nuestra personalidad.

Quienes somos sobrevivientes de situaciones de violencia (en todos sus niveles), desarrollamos una cierta alergia a los enfrentamientos, los conflictos y cualquier agresión verbal, mental o emocional.  Por eso, inmediatamente nos cerramos en nuestra ira, y deseamos que se disuelva como por arte de magia.

No creo que sea sabio actuar o hablar desde la amargura del enojo, cuando la explosión de todas las chispas está en pleno auge.  Creo que cuando eso sucede es tiempo de hacer silencio, todo el silencio posible, para poder escuchar a nuestra mente y todas las frustraciones guardadas.  Depende cuánto tiempo llevemos sin escucharnos, ese acto de introspección puede tardar una tarde o tal vez varios días.

Luego, debemos analizar cuántas veces callamos para no incomodar, para caer bien o para mantener una relación que no respeta nuestro espacio y nuestra identidad.

Se puede establecer límites, reclamar lo que nos pertenece y defender nuestros derechos sin agredir, insultar ni gritar; desde la paz interior y la seguridad absoluta de lo que merecemos sin culpa alguna.

Ahora bien, nuestra voz inevitablemente incomodará, ofenderá y enojará a quienes no están dispuestos de antemano a respetar lo que somos y lo que nos corresponde, y eso es algo con lo que debemos aprender a vivir.

Volvernos amargos como una ofrenda de sacrificio no es ningún mérito.  La gloria está en expresar nuestra voz desde el amor, la compasión y el respeto por lo que somos y lo que es cada persona.  Es importante aceptar que así como nadie es responsable de nuestro enojo, no somos responsables de la amargura que otros sienten por cómo somos, lo qué hacemos o lo que decimos.(Siempre y cuando actuemos desde el amor, la compasión, la empatía y el respeto.)



Cada quien está lidiando con sus propias luchas, conflictos, crisis e incoherencias.  Quien no honra nuestra presencia y nuestra palabra, encontrará siempre excusas para ignorarnos, faltarnos el respeto, invisibilizarnos o mostrarnos su hostilidad.  Probablemente, aquello que sentimos como algo que ‘nos hacen’, en realidad, es un mecanismo de defensa inconsciente, porque lo diferente en nosotros los asusta, los confunde o trae a la superficie sus conflictos emocionales.

El enojo es algo  que siempre me ha costado gestionar.  Suelo consumirme en llamas de frustración, impotencia y rabia mientras quienes cometieron su atropello continúan su vida sin darse cuenta o sin importarles el daño que causan.

El enojo, es al fin de cuentas, una suma de expectativas no cumplidas.  Es decir, esperamos que porque alguien reza a diario o va a misa cada domingo, vea la espiritualidad y la buena voluntad tal como la vemos nosotros. Proyectamos nuestra forma de actuar, nuestro nivel de compasión y respeto en la vida de otras personas, esperando que actúen en espejo o que se rijan por las mismas normas y valores que nosotros.  No funciona así, lamentablemente.  Proyectar y tener expectativas es una manera de juzgar, una manera de rotular a las personas.  Si me enoja más que una terapeuta holística no sea tan holística, o que un católico se olvide de Jesús en sus actos diarios; si me enoja eso más que un ser pedestre y común sin vida espiritual o consciencia expandida cometa el mismo atropello; entonces, estoy juzgando, estoy midiendo a los otros según mis expectativas y según los rótulos que cada quien exhibe.

Mi enojo, mi amargura, mi furia y mi frustración no harán que los otros cambien o tomen consciencia, quizá nunca lo hagan o cuando lo hagan, yo ya no lo necesite.

Una vez que todo el enfado ha tenido su espacio y su tiempo, llega el momento de respirar y perdonar, de aceptar, amar, iluminar y seguir adelante.

Quien me ‘ha ofendido’ merece la mejor versión de mi misma; si lo dejo con mis pequeñeces, mis sombras y mis propios miedos e inseguridades, solo aumentará la hostilidad y estaré alimentando su propia oscuridad.

No es que sea fácil, estoy aprendiendo.

En los últimos días pasaron muchas cosas desagradables, en realidad, creo que han sido varias semanas.  De repente, me di cuenta que había un patrón que se repetía: hostilidad, falta de respeto, atropello y desconsideración.  Fue así que me tomé el trabajo de recordar cada ocasión, cada lugar y todas y cada una de mis reacciones.  Mis reacciones habían sido siempre las mismas: enojo, frustración, rabia, impotencia, tormentas mentales, reclamos por justicia y un aceptado rol de víctima.  Entonces me dije: ¿Qué es lo que puedo hacer diferente? Puedo aprender a aceptar que cada quien tiene su nivel de consciencia y espiritualidad y ninguno es mejor que otro.  Puedo aprender a perdonar, liberándome de cualquier necesidad de revancha, recompensa o remediación.  Puedo aprender a mirar amorosamente a las personas en su imperfección, en sus egoísmos y en su limitada visión del otro.  Puedo aprender a quitar el foco de lo que está mal y solo ocuparme de Ser mi mejor versión, de brillar mi Luz y manifestar mi Alma, sin esperar la aprobación de otros.



Este ha resultado un escrito bastante desorganizado, sin la fluidez de otras veces; pero estoy agotada física, mental y energéticamente.  Las pruebas de las últimas semanas han sucedido en todos los niveles y en todas las dimensiones.

Este es un recordatorio para mí y una invitación para ti: no acumular enojos en el sótano sin nuestra atención y cuidado amoroso.

Paz en nuestros corazones.

Paz en nuestra mente.

Necesitamos mucha Paz.

Susannah Lorenzo

Tejedora de Puentes

(Con puentes bombardeados)

19/07/2022

 


martes, 8 de marzo de 2022

¿Cuándo celebraremos el Día de la Mujer?


Decime que celebramos el día de la mujer cuando:

  • Una mujer es respetada y honrada por sus ciclos, sus hormonas y su sensibilidad.
  • Una mujer no es agredida y abusada por el sistema de salud y por profesionales médicas y enfermeras que la denigran, humillan y desvalorizan en sus momentos más vulnerables.
  • Un hombre no necesita violar, meter mano o golpear para sentirse macho y controlar a "su hembra".
  • Una mujer víctima de violencia o abuso no tiene que justificar cómo terminó en esa situación.
  • Una madre no tiene que trabajar 14 horas por día para criar sola a sus hijos porque el progenitor no tiene ganas de cumplir sus obligaciones.
  • El violador, agresor, abusador u oportunista no es defendido por otras mujeres, sin importar cuales sean los beneficios que brinda.
  • Una mujer puede tomar decisiones sobre la salud de su cuerpo: qué órganos quiere conservar, qué tratamiento prefiere o que tipo de calidad de vida quiere sostener.
  • Una mujer no es acosada sexualmente en su trabajo para mantener su puesto o acceder a otras posiciones.
  • Una mujer no tiene que demostrar o justificar que convive con una enfermedad crónica para ser respetada y valorada.
  • Una mujer puede hablar libremente de sus sentimientos, traumas y heridas sin ser condenada, cuestionada o agredida por otras mujeres.
  • Una mujer puede animarse a ser libre como la Mujer Salvaje de Clarissa Pinkola Estés, sin ser apedreada por su familia y amigas.
  • Una mujer no es silenciada, amenazada o incluso asesinada por denunciar, por desenmascarar, por resistirse, por negarse, por separarse, por crecer, por volar, por bailar en medio de las jaulas.



Nací en 1964, tengo 57 años ahora.  Me convertí en madre a los 20 años, mi primer hija nació en 1985.  Me separé cuando mi hija menor tenía solo 10 meses (nació en 1987).

Hay muchas campañas del gobierno, muchas marchas y protestas; sin embargo, creo que nada ha cambiado: el sistema, la sociedad, el machismo y el patriarcado siguen funcionando de la misma manera, al menos en países latinos.

Soy una sobreviviente y aún puedo contar mi historia, aunque a muchas personas les incomode, les avergüence o intenten silenciarme de muchas maneras.

Fui víctima de violencia de género, mis amigos, mi familia, e incluso la policía no me creyeron.  Muchos me acusaron de ser responsable de las reacciones de mi entonces esposo.  Eso no ha cambiado.

Después de denunciar, de aceptar que a pesar de tantas promesas nunca cambiaría o sobre todo de que no estaba dispuesto a ser padre, tuve que huir de mi ciudad, dejar todo para tener un poco de paz.  Eso no ha cambiado.  Las mujeres que decidimos denunciar, liberarnos y construir una nueva vida debemos buscar otra ciudad, otra provincia, porque el sistema no está preparado para contener a las mujeres ni castigar debidamente a los hombres que tienen estas conductas.

Durante la infancia de mis hijos, tuve que sacrificar mucho como mamá, privarme de actos, momentos, su crecimiento, sus travesuras; tuve que trabajar 12 horas o más fuera de casa y luego, muchas veces trabajar de forma independiente durante las noches para poder pagar todas las cuentas, para poder mantener tres hijos sin ayuda de nadie (más que la vivienda prestada por mis padres).  Eso no ha cambiado. Los progenitores encuentran siempre la manera de evadir sus obligaciones y justificar sus omisiones.  El sistema los perdona.

En el proceso de separación y divorcio, perdí lazos y relaciones con amigas, padrinos de mis hijos, familia y compañeros de estudio o trabajo.  La mujer que decide liberarse y abandona la 'seguridad' del matrimonio (vendida como real por un ser psicópata que nunca muestra afuera su verdadera personalidad), es cuestionada, juzgada, condenada y segregada como un peligro para los círculos de mujeres 'bien casadas'. Eso no ha cambiado.

Muchas veces me han criticado mi CV, por haber tenido demasiados trabajos que duraron poco tiempo.  No se puede hablar de las incontables veces que fui acosada y que tuve que renunciar para no lidiar con comportamientos nauseabundos o por no acceder a propuestas indecentes que nada tenían que ver con mi desempeño laboral.  Una madre que cría sola a sus hijos necesita mucho el trabajo y se supone, según la cultura machista, que accederá a cualquier cosa por conservar el trabajo.  (En realidad, muchas acceden, si no, no existiría esa conducta.)  Eso no ha cambiado.

Durante mi trabajo de parto, enfermedades crónicas, inspecciones en mis genitales o consultas médicas, he sido abusada, agredida, no respetada, humillada y maltratada verbalmente, en la mayoría de los casos por otras mujeres (con título universitario).  Eso no ha cambiado.

Cuando un hombre no puede controlar a una mujer (sea su pareja, hermano, padre o hijo en algunos casos), grita, insulta, menosprecia, denigra, patea cosas, golpea la mesa, humilla y despoja de derechos a quien toma decisiones inadecuadas o según su criterio no sabe dirigir su vida. Eso es culturalmente aceptado, porque el amor justifica cualquier exabrupto, porque el cuidado supone control.  Eso no ha cambiado.

Trabajé muchos años en medios de prensa: gráfica y radial; cada vez que hice las preguntas 'equivocadas', cada vez que quise llevar claridad y verdad, cada vez que quise sembrar el discernimiento y la libertad de pensamiento, cada vez que quise propagar la cultura, cada vez que entrevisté a una persona que no comulgaba con el gobierno de turno; fui invitada a 'conocer a los muchachos' que resolverían mis confusiones; recibí amenazas sobre mis hijas o directamente levantaron mis programas del aire.  Eso no ha cambiado.





Cuando una mujer se separa, la culpa es de ella.

Cuando una mujer es víctima de violencia, abuso o violación, la culpa es de ella.

Cuando una mujer no alcanza a pagar las cuentas y se queda en la calle con sus hijos, la culpa es de ella.

Cuando una mujer pierde un trabajo, un contrato o un cliente, por no acceder a sus insinuaciones, la culpa es de ella.

Cuando una mujer denuncia, la culpa es de ella.

Cuando una mujer guarda silencio, la culpa es de ella.

Cuando una mujer enferma, la culpa es de ella.

Cuando una mujer se desborda mental y emocionalmente por hacer de madre y padre toda su vida, la culpa es de ella.

Cuando una mujer abre la jaula y decide volar, la culpa es de ella, por ser desleal a quienes sostienen y mantienen vivo el patriarcado y el machismo.

Cuando una mujer se suicida, la culpa es de ella.

Cuando una mujer es asesinada, la culpa es de ella.

Cuando una mujer se queda sola, la culpa es de ella.

Eso, no ha cambiado.





La peor enemiga de una mujer es otra mujer sosteniendo el machismo.

La mejor aliada de una mujer es otra mujer compasiva, solidaria y sensible.

La peor enemiga de una mujer es una mujer que compite, envidia y juzga 

La mejor aliada de una mujer es otra mujer ayudándote a brillar y crecer y cuidando tus espaldas.

Deseo que como mujeres aprendamos a ser tribu y círculo sagrado, hermanas y compañeras, socias y cómplices; tejiendo redes amorosas de buena voluntad y luz.

Cuando una mujer sana, ayuda a otras a sanar.

Cuando una mujer brilla, inspira a otras a brillar.

Cuando una mujer abre sus alas y vuela, que no te asusté su osadía y desde tu miedo la critiques; sino que con curiosidad te rasques tu espalda para descubrir tus alas mutiladas.


Susannah Lorenzo ©

Tejedora de Puentes

Art: Tarn Ellis 

#8M



jueves, 21 de mayo de 2020

De siestas y perdones

Si miro a mi alrededor, mis tiempos de crisis, bajón, cansancio y energías agotadas suele coincidir con la postal de mi mini heladera vacía, la dieta empobrecida, la billetera con apenas un billete solitario, la cuenta en el banco con ceros y los números en rojos multiplicándose al ritmo de la inflación argentina.

Hace unos días escribí en mi  Blog: Agotada en Cuarentena, a pesar de eso intenté continuar, remar, esforzarme y lo único que logré fue que mi cuerpo estuviera tan cansado, tan agotado, que cuando duermo y sueño, en mis sueños necesito dormir y descansar y peleo con otras personas porque no me dejan dormir.

Ayer a última hora de la tarde, me descompensé, estaba agotadísima y mi presión arterial presentaba un desorden interesante con la mínima muy alta y la máxima muy baja.  Dejé mi cocina con los trastos sucios de dos días y me fui a dormir, logré levantarme recién cerca de las 16.00 de hoy  y aún así, después de haber dormido más de  20 horas (con las interrupciones propias de Blackie y de mi vejiga), tuve que hacer un esfuerzo enorme porque todavía necesito más horas de descanso.



Contexto
El contexto, el para-texto y el universo circundante son siempre importantes a la hora de considerar la realidad que una oración expresa.

  • A los 11 años, junto con mi primer período menstrual se me asignó la obligación de lavar y planchar toda mi ropa, lavar los pañuelos (con mocos) de toda la familia, ayudar en los quehaceres de la casa y hacer todo lo que mi madre no podía o no tenía ganas de hacer.
  • A los 16 años comencé a trabajar en forma independiente para poder comprarme mis toallas femeninas y acceder a ropa que yo pudiera elegir.
  • Desde el día que nació mi primera hija fui una madre sola, a pesar de estar casada, tenía que siempre buscar la forma de que mis hijos comieran, tuvieran leche y todo aquello que necesitaban.  Trabajaba, estudiaba y cuidaba a mis hijos, sembraba huerta en los canteros, amasaba pan y les preparaba dulce de leche casero.
  • A los 24 años, ya me había mudado a otra ciudad, y estaba cansada de pelear con el sistema para lograr que el padre de mis hijos cumpliera con sus obligaciones.  Me aferré a la bandera del orgullo y crié sola a mis hijos hasta su adolescencia, cuando mi salud y una crisis económica me obligaron a dejarlos ir con su padre (que nunca pudo cumplir con la cuota, pero sí podría ofrecer comodidades en su vida).
  • Convivo con un par de enfermedades crónicas que restringen la movilidad, flexibilidad y normalidad de mi cuerpo y que exigen un cuidado especial con una dieta de calidad y el equilibrio emocional y mental. El dolor y la fatiga crónica son parte de cada día, el nivel nunca es cero, pero hay días buenos, no tan buenos y días muy malos. El estrés suele ser un desencadenante para cualquier tipo de descompensación o malestar físico.
  • 2019 fue un año muy difícil económicamente y por lo tanto en el aspecto salud.
  • Cuando comenzó la cuarentena en 2020, yo apenas si estaba intentando ponerme de pie, después del año anterior.
  • Durante 2019 y 2020 he pedido públicamente ayuda más veces de lo que había hecho jamás en mi vida.



A veces, cuando todo sale mal, cuando nade sale bien, cuando la heladera está vacía, cuando mi metabolismo se altera porque mi dieta no es la que mi cuerpo necesita, entonces, sólo entonces se me viene este cansancio de tantos años, este cansancio viejo de estar siempre remando; a veces en mares de arena, otras en mares muertos, a veces en océanos, a veces en mares de sal y otras, apenas en un charco de arenas movedizas.

Entonces, cuando estoy tan agobiada, agotada y exhausta, necesito que alguien cocine por mí, saque la basura, me traiga una heladera repleta de buenos alimentos para todo el mes, pague mis cuentas, limpie la casa, planche mi ropa, vele mi sueño, construya mi casa, me haga masajes en mi espalda adolorida y cuide de mí durante un largo recreo.

Pero como he sido siempre la Mujer Maravilla, que nada pide, todo da y a todo el mundo quiere salvar, las personas suelen creer que nada necesito, que todo lo puedo y que así sola estoy bien, más que bien.

Sí, me gusta vivir sola, sin deudas ni chantajes emocionales, con la libertad absoluta de hacer y deshacer a mi gusto.  Con la posibilidad de ser Yo, la que Soy, sin dar explicaciones ni convencer a nadie.



Sin embargo, la soledad tiene su precio.  Entonces, como no hay nadie que cocine, limpie o pague las cuentas, no queda más opción que dejar que la Mujer Maravilla duerma una larga siesta, hasta que el beso de la vida la despierte nuevamente.




En realidad, nos creemos libres, pero en el fondo de nuestra mente dejamos que el pájaro carpintero de los juicios de familiares y supuestos amigos, sigan taladrando nuestra cabeza, aún cuando ellos no están. Intentamos cumplir con expectativas de otros.  

Creemos que deberíamos trabajar en tal o cual horario porque otros lo hacen. Buscamos la aceptación y el reconocimiento de padres, hijos, hermanos y parejas ausentes.  Nos sentimos en la obligación de explicar por qué tomamos una siesta a mitad de mañana o nos sentimos culpables si debemos ‘cerrar’ nuestra agenda por un par de días y a veces una semana completa.

Nadie está aquí para ayudar, resolver, cuidar, hacer, contener, apapachar, abrazar, mimar y darme un recreo y sin embargo, en mi mente, sigo permitiendo que la mirada ajena me condicione, me presione y que los comentarios ‘bien intencionados’ desde la distancia virtual, afecten mi estado de ánimo.

Como persona extremadamente sensible y perceptiva, me afectan las energías de las personas y los espacios.  No es algo que se pueda o se deba controlar.  Como Terapeuta Holística, cuido el espacio, los tiempos y las energías, armonizando y conteniendo; antes, durante y después de cada turno.  Cualquier actividad que se haga desde un enfoque holístico (clases, talleres o sesiones terapéuticas) representan un desgaste físico y energético, requieren de un tiempo anterior y posterior para recuperar y equilibrar energías y cuidar del espacio, y además nos obligan a cuidar de nosotros con mucho más esmero.  Somos canales, cuenco para dar y la vasija temporaria donde quienes acuden a nosotros, depositan o desechan todas sus penas y angustias.

El valor económico que se le asigna a una clase, una sesión o un taller, debe contemplar no sólo el tiempo que dedicamos a esa persona, sino que además debe compensar: el desgaste energético, mental y emocional, el tiempo necesario para preparar el material y disponernos amorosamente; la idoneidad, el talento y los dones para realizar la tarea; el tiempo de descanso necesario entre cada actividad para recuperarnos y renovar energías y todos los insumos que usamos (incluyendo recursos que generamos o compramos, limpias energéticas y la limpieza y desinfección física del lugar y objetos).

Muchas veces, como Terapeuta Holística y como persona sensible, me dejo llevar por mi empatía y por las necesidades de los otros y termino cobrando menos de lo que debiera, aceptando gente que no valora mi tarea, trabajando con gente cuyas energías me hacen más mal que bien, regalando mi trabajo, haciendo descuentos por largos períodos de tiempo o incluso sosteniendo relaciones profesionales en las que la otra persona no aporta el esfuerzo necesario para lograr los resultados esperados.

Entonces, llego a este punto, donde no tengo energía ni siquiera para hacer lo que me gusta, sostener una aguja de crochet, consultar el Tarot todos los días o escribir los libros que tengo pendientes; tampoco tengo la claridad para leer ni el ánimo para disfrutar la lectura.



No sé qué es peor, si salir a pedir ayuda públicamente aunque avergüence a mis contactos y familia; o llegar a este letargo en el que solo quiero dormir y no encuentro las palabras para explicar, justificar o demostrar que de verdad necesito ayuda, sí, otra vez.

Como docente e intérprete simultanea, tengo la capacidad innata para explicar, traducir y exponer una idea desde diferentes ángulos.

Sin embargo, cuando el desgaste es tan grande, una quisiera encontrarse con personas que puedan leer las señales, comprender sin discursos y mirar en los silencios.

Pido disculpas, si hay días en que no puedo estar para ti.
Si me conoces, ya sabes, que cuando logre estar para mí, volveré a estar para ti también.

Debo cuidarme, como puedo, desde estas circunstancias que me tocan vivir.
Sólo Dios sabe.


En tus manos estoy Señor.
Lo siento, hoy no puedo remar.

Si sientes que puedes ayudar, por favor busca los enlaces al final de esta publicación.
Gracias
Bendiciones

Susie
Susannah




Puedes comprar libros impresos en formato artesanal, tienes la información en este vídeo donde te cuento sobre la mayoría de mis libros y hay un vídeo especial para el libro La Posada de los Muertos.

Puedes comprar un pack de libros digitales con información en este vídeo.

Puedes hacer una pequeña contribución desde la aplicación de Mercado Pago, que lo convertirá a tu moneda.

Puedes hacer la contribución que tú quieras con PayPal.

Si la opción para colaborar que quieres elegir, no está en estas opciones, te puedes comunicar por correo a solelor@hotmail.com

Gracias nuevamente.
Dios bendiga tu generosidad.



martes, 30 de abril de 2013

Día del Trabajo



1º de Mayo 2013
Mi situación personal, laboral, profesional y económica no está mejor que el año pasado.  Sin embargo, aunque sólo tenga 7 horas aseguradas de trabajo por semana (factura mediante); quiero celebrar mi esfuerzo y el mucho esmero que le pongo cada día para salir adelante y hacer algo más que sobrevivir.  Quiero compartir esta celebración de una fecha que conmemora hechos pocos felices, de un feriado en el calendario que intenta recordar y reivindicar los derechos de los trabajadores.

Quiero empezar por las mujeres, no por solidaridad de género, sino porque todas las mujeres trabajan todos los días de su vida y jamás tienen vacaciones o reemplazo.  Hay mujeres que trabajan dentro del hogar, otras trabajan fuera y muchas trabajan dentro y fuera.  Y de ese trabajo en el hogar, no hay código laboral que valga a menos que se tenga un súper compañero que se haga cargo aunque sea un par de días para darnos un respiro.

Luego quiero rezar y pedir por los miles y miles de desempleados y subempleados que no logran encontrar un trabajo digno y que deben hacer malabares para sobrevivir en este país.

Merecen un renglón aparte todos aquellos voluntarios que trabajan en redes solidarias, ONGs, hospitales, refugios y a veces en forma individual, solamente para mejorar la calidad de vida de otras personas, sin recibir nada a cambio.

Y mi deseo especial para todos y todas:

  • Que disfrutes lo que haces cada día y encuentres la manera de hacerlo mejor aún.
  • Que puedas elegir el trabajo que haces.
  • Que tu trabajo te de casa, comida, prosperidad y salud.
  • Que tu profesión o tu oficio te haga mejor persona, mejor vecino, mejor compañero  y mejor padre/madre de familia.
  • Que tu labor sea una bendición para quienes te rodean.


El pan nuestro de cada día sea bendecido y compartido bajo un techo de estrellas que nos inunde de esperanzas.

Susie
Soledad Lorena
Susana Lorenzo