A veces te sueño,
ventanas astrales
que muestran
tus sombras inquietas
tus soles y tus lunas
tus heridas aún dolientes.
Otra veces el encuentro
sucede cuando tu alma
me busca libre de vigilancia
que tu ego impone
para atormentar tu corazón.
Al despertar añoro
esos momentos que nunca
suceden en el plano visible
y que están en desacuerdo
con los mandatos de tu mente.
Desde la distancia percibo
tus tormentas agitadas
tus días apacibles
tus dolores innombrables
y los sueños que has olvidado.
Desde el exilio y calladamente
bendigo tu nombre y tu vida,
le pido a Dios que te guíe,
a la Madre Divina que te arrope
y a Jesús que camine a tu lado.
Cada tanto, algún deseo despierta,
te veo llegar con tu corazón liviano,
el alma luminosa y cantarina,
las semillas de amor florecidas,
el perdón convertido en agua mansa
y la palabra transformada en caricia.
Mientras tanto, te amo en pausa,
sin prisa ni expectativas,
rezando siempre por tu paz interior,
por la sanación de tus vínculos
y por la remediación de tus puentes.
Sin embargo, anhelo ser testigo
del día en que recuperes
la memoria agradecida
de las bendiciones de tu pasado
y que te desvistas de todo aquello
que dañó tu frágil corazón,
y así tu presencia plena
te permita amarte y amar
desde una libertad de mochilas
que sólo multiplican la carga
que arrastras como un lastre.
Yo no pido que me perdones
pues ya no soy esa mujer
que te dañó desde
sus propias esquirlas.
Apenas si aspiro
a que un día cualquiera
llames a mi puerta
y te permitas conocerme,
pues aquella a la que aún
culpas de un corazón dolido
es sólo una fotografía borrosa
en tu mente habitando el pasado.
Cuando quieras, aquí estoy;
cuando puedas y te lo permitas
mi corazón siempre guarda
un refugio de paz,
una pócima sanadora,
un abrazo silencioso,
un beso luminoso en tu frente
y mi mano bendiciendo tu corazón.
Si cierras los ojos, respiras hondo,
aquietas tu mente y acallas las palabras,
recordarás el camino
y sentirás el latido
de una semilla amorosa
que jamás morirá.
Susannah Lorenzo
23 de marzo de 2026
